viernes, 13 de abril de 2012

Respuesta del disntinguidísimo Presidente de la Asociación Costarricense de Rencos Anti Ley 7600 a la Crónica anterior*

"Estimado señor: a pesar de los vínculos familiares que nos unen, lo que significa además que parte de tu carga genética es idéntica a la del suscrito, como Presidente -ojo a la mayúscula- de la Asociación Costarricense de Rencos Anti Ley 7600 quiero presentar mi más enérgica protesta por lo expresado por usted sobre esta distiguida y excelsa minoría en su último artículo.  Me ha recordado a un caballero de Cartago, ya difunto y por tanto no cabe identificarlo, que como buen liberacionista chimado cuando ganó las lecciones Carazo llegó a visitar a mi padre el lunes siguiente de su investidura como presidente.  En un arranque de bilis, delante mío que estaba desayunando, se volvió furioso y le dijo a mi padre "Y el Ministro de Agricultura? Já! Un renco! A quien se le ocurre poner a un renco cuando todo mundo sabe que no hay renco bueno?" La carcajada conjunta y sincronizada que lanzamos mi progenitor y yo tuvo la sincronía del Coro Sinfónico Nacional; aunque reíamos por motivos diferentes. Don Antonio sin duda rio pues resultaba simpático e irónico no sólo que hubiera olvidado la renquera del que suscribe, sino porque quien había lanzado semejante expresión y su familia, so pretexto de que el agua de mar me ayudaría a recuperarme de la renquera que dejó la polio, siempre me había llevado a Puntarenas todos las mal llamados veranos.  Lejos de sentirme ofendido, la frase me provocó algo parecido al éxtasis de Santa Teresa -tal como lo representó Bernini- pero, aclaro, sin el orgasmo.  De golpe y en una especie de epifanía descubrí dos cosas que en cierto modo han moldeado toda mi vida.  La primera era que en realidad era MALO... y me sentía -como desde entonces me he sentido- bien de descubrirlo!!!  La segunda parte de la epifanía (del griego: επιφάνεια que significa: "manifestación; un fenómeno y para que no haya confusiones aclaro que de ese idioma sólo puedo identificar las letras alfa y omega, como cualquier católico de regular memoria, pero tengo Google!) fue comprender el origen de la tirria contra los rencos: son los únicos que, cuando quieren sentirse mejor, comparan el largo de su pene con su pierna más corta, lo que los desgraciados "bípedos parejos" (como los llamamos en el argot de la ACRAL7600) no pueden hacer.  Exijo más respeto para tan distinguida minoría,

un abrazo, Chepe"


* Reproducimos este texto con la autorización expresa del autor

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