1.
Mi papá, que siempre trabajó como funcionario bancario, solía tener una opinión bastante negativa de los banqueros judíos, o, al menos, de los banqueros judíos costarricenses. Por supuesto que esa inofensiva transgresión ética, de acuerdo a las configuraciones ético-políticas de nuestro mundo doméstico, no lo convertía, en rigor, en un papá neonazi. Recuerdo, además, que cuando nos sentábamos en la mesa y él hacía algún comentario de tintes antisemitas, mi mamá, por su parte, se molestaba y lo reprendía severamente, aún a pesar de que ella reuniera todas las credenciales para ser una de esas católicas conservadoras que se imaginan a Nuestro Señor Jesucristo como lo imaginaba Franco Zeffirelli y que explican la crucifixión a partir de las intrigas del Senedrín.
Puedo decir que crecí en un hogar en el que Los Protocolos de los Sabios de Sion hubieran sido considerados documentos fidedignos. No obstante mi padre estaba más ocupado de resolver asuntos relativos a cheques, estafas y procedimientos bancarios y, hasta donde sé, nunca tuvo algo parecido a wikipedia como para formarse una idea, si quiera vaga, de la literatura antisemita.
Resulta perfectamente comprensible que las intervenciones de mi papá y las ulteriores replicas de mi madre favorecieran la aparición en mí de una forma, por demás bastante heterodoxa, de construir la imagen de los villanos de las historias. Nunca llegué a desarrollar la menor simpatía por los nazis (sobre todo después de ver los programas de Canal 13 sobre el holocausto) pero ni las esvásticas ni las hazañas filantrópicas de otros sistemas totalitarios me provocaban un verdadero rechazo ético. Es más, reconozco que hubo días en los que me entretuve leyendo historias acerca del confort de los gulags de Stalin y la novedosa pedagogía del General Patton y las intervenciones humanitarias del General Kitchener en Sudán. Y siempre dudé de héroes como Rambo, He-Man o Edén Pastora.
En el colegio me di cuenta de que los freaks y los gordos (permanentemente abrigados con suéter negra) sentían simpatía por villanos como Esqueletor y Monstruón y que detestaban a los héroes que tenían novias guapas. También me di cuenta de que los pipis noventeros frecuentaban psicoterapeutas caras para no reprobar los exámenes finales y que, a menudo, se identificaban con Batman y con Eric Draven de The Crow (o con cualquier idiota que pretendiera tomar la ley en sus manos); sus villanos y sus héores eran, pues, los villanos y los héroes mainstream.
En la universidad me di cuenta de que los estudiantes de ciencias sociales llegan a segundo año de carrera y cambian sus paradigmas de villanos y héroes según una lógica elemental de inversión maniquea: Fidel Castro y el secretario de turno de APSE intercambian roles, respectivamente, con Brandon Walsh y Óscar Arias (al menos eso pasaba afines de los 90 y principios del siglo XXI). También pude corroborar que los villanos de los estudiantes de letras eran autores de bestsellers y autoayuda y que los chicos y chicas de bellas artes consideraban villanos a esas señoras inofensivas que cursan estudios de acuarela y oleo para pintar jarrones con verduras. Los chicos de derecho, ingeniería y economía, por su parte, pensaban que Patrick Bateman y Jerry Maguire eran "toda" y, para ellos, los villanos siempre votaban por el PAC o por partidos de izquierda. Pero yo nunca tuve muchos amigos ni muchas novias de derecho, ingeniería o economía y tampoco tuve amigos skinheads, punks o troskistas. Y curiosamente solo tuve un amigo judío y, según entiendo, se convirtió a la fe de los pájaros, los crepúsculos y las muchachas tristes.
2.
Nadie podría poner en duda el hecho, en sí mismo providencial, de que después de Serge Gainsbourgh a cualquier judío narizón y orejón le basta ser talentoso para cogerse a las chicas más guapas del mundo. Quiero enfatizar que cuando digo las chicas más guapas del mundo no incurro en un hiperbatón: Serge Gainsbourgh se tiraba, nada más y nada menos, que a mujeres como Jane Birkin o Bridget Bardot. Y, por si fuera poco, es muy posible que lo hiciera de manera simultánea. Sin duda, Gainsbourgh es el verdadero Mesías y Woody Allen su último profeta; traducido al islam sería algo como: La ilahah Illah Serge Gainsbourg Woody Allen Rasul Serge Gainsbourg
Naturalmente las cosas eran muy distintas antes de que Gaisnbourg cumpliera las profecías y experimentara esa tremebunda transformación (de Gainsbourg a Gainsbarre), apenas intuida por Maimónides y dudosamente comprendida por Jacques Brel. En verdad es difícil imaginar a un judío narizón y ojeroso seduciendo una alemana rubia de los wandervogel a fines del siglo XIX o principios del XX. Pero después de los 70 todo eso resulta lícito y posible gracias a que Serge Gainsbourg y Woody Allen (que pasó de ser el capullo de la clase a follarse a Diane Keaton) abren un universo semántico de héroes que antes se reducía, básicamente, al par antitético: Humphrey Bogart - John Wayne.
3.
Está claro que para ese entonces mi papá, que además de ser costarricense, vivía en Cartago, seguía oyendo canciones de Los Panchos y se moría de confort en la sala de nuestra casa mientras la eternidad para él asumía la forma de Pérez Prado y las películas de John Wayne. El mundo asistía al nacimiento del Mesías pero en Cartago no había más judíos que los que protagonizaban las procesiones de Semana Santa (como Chalito Navarro, quien fuera conserje en la Escuela Jesús Jiménez) y que, en realidad, eran representaciones de la guardia imperial romana.
Así las cosas, era previsible que mi papá no fuera beneficiario de tan tumultuosas revelaciones y que, para él, Serge Gainsbourg y Woody Allen, no pasaran de ser hipoides libertinos o narizones feos y con suerte. Esta condición, por otro lado, explica, en parte, el hecho de que a nuestra casa nunca llegara la fascinación reverencial por los judíos y que, de vez en vez, se escucharan comentarios antisemitas durante la cena. Además, el oficio de funcionario bancario le permitía a uno conocer ciertos chismes acerca de las prácticas administrativas que estilan los banqueros que abrazan la fe de Abraham.
4.
Existe una dudosa premisa ética que se presume universal, según la cual uno solo puede hacer chota de la religión o grupo social o étnico al que pertenece. Es decir, que solo Kris Kross puede burlarse de los negros y solo Jerry Seinfield de los judíos. Pero insisto en que esta premisa es dudosa y para sustentarme expondré algunas razones que, a mi forma de ver, cuestionan su universalidad:
a) la única religión verdadera es la católica apostólica y romana, ergo, todos somos católicos (aunque no lo hayamos descubierto, ya que según Santo Tomás la revelación está implícita en la razón), ergo nadie puede burlase de otra religión que no sea la católica, apostólica y romana
b) los musulmanes tienen muy mal humor (son aburridos y retrógrados) y no admiten burlas acerca de su fe (mucho menos de Mahoma o de Alá) ya que lo consideran algo semejante al fitna o a la peor herejía, ergo, nadie puede burlarse de los musulmanes
c) todos descendemos de los negros, ergo todos tenemos algo de negro, ergo cualquier ser humano puede burlarse de los negros
No vamos a desarrollar las posibles combinaciones de las 3 enunciaciones anteriores pero quiero agregar que a partir de ellas se puede desmoronar todo el andamiaje contemporáneo del ho mo ethicus maxime rectam y de la nueva cultura de la convivencia y la tolerancia occidental.
5.
Cuando el periódico La Nación, en confabulación con el nuevo bloguero estrella de los ticos (un tal Chamuko), empezó a darle pelota a un tombillo neonazi que puso fotos en facebook de sus tatuajes cutre de símbolos nazis, en principio, uno se veía tentado a creer que Costa Rica está llena de partisanos cibernéticos y de entusiastas defensores del humanismo. Pero si se presta atención al fondo de los comentarios y reacciones que desencadenó este fútil acontecimiento podemos rastrear los verdaderos móviles de este fervor ético y revisionismo laxo. Resulta muy revelador que la mayoría de los comentarios que descalifican al tombillo neonazi coincidan en subrayar su fenotipo y sus rasgos de cholillo; es decir, que si el mae hubiera sido noruego o alemán hubiera sido "correcto" que fuera neo-nazi, pero como era un "cholo centroamericano" tal cosa deviene absurda y risible.
La mayoría de los homo ethicus costarricenses esgrimió argumentaciones previsibles y consensuadas, típicas del establishment ticazo, con opiniones y valoraciones morales extraídas de Buen Día o Semanario Universidad y datos y fechas tomadas de wikipedia. Casi todos se encargaron de abstraer el neonazismo de sus posibles contextos y sugerir que ese fenómeno únicamente tiene validez, con sus determinaciones históricas y políticas, en un lugar como el norte de Europa.
6.
El homo ethicus nace del revionismo light y de la compulsión supermoderna de convertir el pasado en un exotismo o en una fabula moralizante. Slavoj Zizek tiene licencia para declararse stalinista sin temor a mayores escarnios. De la misma manera, Michele Houllebecq puede decir que odia a los musulmanes sin que sus libros dejen de ser leídos por los "intelectuales" nihilistas del mundo o por los posmodernos amantes de la diferencia. Asimismo, cuando Lars von Trier pone en entredicho los mecanismos de construcción historiográfica que convierten al nazismo histórico un depósito de horrores y trapos sucios de la humanidad nadie considera que el cineasta danés es un idiota. A lo sumo, hay uno que otro trosko trasnochado o algún eticista que devenga salarios de la ONU, que se atreve a estamparles la etiqueta de intelectuales fascistas o mercenarios.
En términos generales, la mayoría de los intelectuales o artistas pueden coquetear con el totalitarismo sin que ello significa una mengua de sus credenciales como líderes de opinión. Naturalmente la historia es muy distinta cuando sos un paco de la delegación de Montes de Oca que tiene el mal atino de colgar fotos comprometedoras en facebook. Todo parece indicar que Antoine Vitkine tiene razón cuando sugiere que, pese al presunto carácter memorioso de las sociedades contemporáneas, el nazismo persiste en ser un elemento tabú, tan vergonzoso como un gatillazo o un examen de próstata fruicioso. Y en Costa Rica los mismos que defenestran a los inmigrantes nicaragüenses o colombianos y que ansían la llegada de un "hombre fuerte", despotrican y azotan la figura de un chivo expiatorio miserable que tuvo la osadía de comprar un litro de ron colorado y hacerse un tatuaje artesanal de una esvástica.
Cada día, según se observa, nuestro país se parece más al mundo civilizado.
2 comentarios:
Mi mesa familiar y la suya se parecen un poco (sin Cartago). El escrito da para horas de café y lamentablemente, en este instante debería estar escribiendo las respuestas de un examen urgente. Cuando pueda, volveré a leer para ir a buscar las referencias y las fotos del judío narizón conquistador :-)
Me queda un tema dando vueltas. He visto personas identificándose como neonazis desde los 90. La reacción siempre fue la misma: " a ese mae negro ¿cómo se le ocurre?". Pero se permitía ser punk y "alternativo" (que era más o menos, ser británico wannabe). Evidentemente tiene que ver con el holocausto judío y cómo nos han transmitido una versión de los hechos sin que analicemos las condiciones que hicieron posible esos hechos. Lo que me queda dando vueltas -perdón por los rodeos- es, si en CR esto es un hecho aislado como lo fue en los noventas, o tenemos las condiciones para que estos movimientos se fortalezcan (ayudados o no por el show mediático de la última semana). Más allá de escandalizarme, me pregunto cómo será esta versión del neonazismo y qué tan lejos está del nacionalismo que hemos visto por ejemplo, frente al conflicto de Isla Calero.
No sé si leyó lo que publicaron en 89 Decibeles, pero es un buen ejemplo también de ese espejo en el que nos vimos la semana pasada: http://89decibeles.com/blogs/cesar-barrantes/sobre-fascismos-ajenos
Gracias por tu respuesta, Carolina. Voy a leer el artículo que decís de esa otra página (89 decibeles). Creo que tus observaciones dan precisamente en el punto. A mí forma de ver, las elecciones pasadas revelaron que en Costa Rica el electorado aún no se identifica del todo con proyectos políticos que sean "abiertamente" derechosos (como el Mov. Libert.). Y en esto, digo yo, hay un aspecto crucial: por lo pronto solo el PLN ha logrado construir y reconstruir una verdadera identidad política que coincide, más o menos, con los elementos de identidad nacional que manejamos en CRC. A ver, lo que quiero decir es que, de un modo o de otro, los y las costarricenses nos tragamos el cuento de que somos una sociedad igualitaria y pacífica, y eso sigue pesando a la hora de tomar elecciones, porque el PLN lo sabe explotar de una manera muy efectiva. Por otro lado, el mundillo ese de los neonazis (que yo también vi en los alrededores de san pedro y por la Cali), creo yo, no pasa de ser un mundillo subcultural, en tanto no existan condiciones que favorezcan la aparición de un proyecto político de corte nacionalista/facistoide, con una actividad sistemática y, digamos, orgánica. Igual me parece que eso que decís de Isla Calero y comentarios como los de ese animal de Jaime Gutiérrez Gongora (echale una ojeada: http://www.nacion.com/2010-12-11/Opinion/PaginaQuince/Opinion2618902.aspx) si son en verdad lamentables y desafortunados.
saludos y de nuevo gracias por responder
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