A Johnny Araya usualmente se le pegan las cobijas. Sin embargo su voluntad
palmareña lo impele y lo encumbra de tal modo que va despegando a eso de las 5
y media de la mañana, siempre y cuando, por supuesto, no se las haya
clavado la noche anterior.
Lo primero que Johnny hace en las mañanas es eructar y pensar en su hernia
hiatal.
Óscar Arias se despierta con Vivaldi y en la sonrisa de Suzanne Fischel Kopper
se dibuja un castillo austriaco rodeado de abedules. Se dijera que en esa sonrisa
apenas y se adivinan los vestigios de un animador de noticias cubano y
cachondo. Arias toma un libro de Tagore de su veladora y lee una frase y
luego se ducha mientras ella se despereza viendo Buen Día y sintiendo desprecio
por Edgar Silva.
A las 710: a.m. Arias y Suzanne están tomando el desayuno en la terraza de la
casa de Rohrmosser.
Son las 6:27 a.m. y Johnny Araya realiza su rutina de ejercicios y suda
copiosamente. Él es uno de los pocos políticos centroamericanos a quienes el
sudor, lejos de molestarle, le regocija. Johnny corre y suda al tiempo que
repasa mentalmente su agenda del día. Se muere de ganas por comer pinto con
huevo y salchichón pero la nutricionista se lo prohibió. Recuerda que a las 10:
00 am. tiene una reunión con Rolando que choca con la visita de la cooperación
china
- Voy a llamar a Rolando para que llegue mejor a almorzar- dice con voz
entrecortada por el esfuerzo
Óscar Arias lee el Daily Mirror y Suzanne abre las cortinas de la sala y la luz
invade los objetos preciados del Premio Nobel. Las fotos con el Dalai Lama y
con Juan Pablo II adquieren una tonalidad celestial y, mientras la Primavera de
Vivaldi sigue sonando en toda la casa, la servidumbre tararea y silba con la
escoba y el palo ´e piso.
En la casa de Johnny Araya los sirvientes no cantan porque la casa de Johnny
Araya es una guarida, no un templo. Araya termina sus ejercicios y se ducha y
luego toma un jugo de naranja y dos tostadas integrales con mermelada. Daría la
mitad de su alcaldía por una chorreada con natilla o, por lo menos, un
mordisquito de gallo de salchichón. Cada vez que piensa en la palabra
"mordisquito" se le viene a la mente la imagen de Frangie Nicolas
pidiéndole que no se vaya.
Arias saluda a su asistente y pide que lo comunique por teléfono con Elie
Wiesel. Dirige su rostro hacia Suzzane, que le mira con admiración:
-Es que hace tiempo no lo saludo.
Ambos siguen sonriendo y alguien del servicio trae te. El asistente informa que
el Sr Wiesel no puede atender la llamada. Enseguida Arias pide que, en su
lugar, lo comuniquen con Kofi Annan. Nuevamente dirige su rostro hacia
Suzzane, que ahora le mira con una admiración incontenible:
-Es que Koffi y yo tenemos una conversación pendiente.
Pero el Sr Annan tampoco puede atenderlo.
Arias da vueltas en su despacho y Vivaldi suena al fondo. Pide que lo
comuniquen con Mandela, con Serrat, con Jimmy Carter, con Julio Iglesias, con
Maripepa o con Steven Seagal. Pero ninguno de ellos puede atenderlo.
Por último se resigna y habla con Kevin Casas acerca de los últimos
aguaceros de Limón y la Refinadora China.
-¿Pero para dónde agarramos don Óscar? Indíqueme, por favor. Es que estamos
a fuego cruzado entre el majadero de Otón y el caballo de René Castro- dice
Casas con visible preocupación
Johnny Araya llega a su alcaldía y saluda cortésmente a los empleados.
-
Hay algo hoy en su papada- piensa la secretaria-
que le hace mucho
más repulsivo que ayer. Debe ser la colonia
Y es que Johnny hoy anda estrenando una nueva fragancia Antonio Banderas, que
le regaló su novia, Sandra León, para el mesiversario. Se siente pleno,
satisfecho, henchido y orgulloso. Llega a su despacho y habla con Rafael Arias
y le pide destacar urgentemente una unidad de la policía municipal a fin de que
efectúe una limpieza de indigentes en los parques y en las rutas que él y la
cooperación china transitarán.
- Los meten en un camión, les dicen que los llevan a vacunar o a desayunar o
a lo que sea y los dejan ahí por Tabarcia. Pero tiene que ser ya. Los chinos
llegan a las 10.
Ahora Óscar Arias responde correos. El ex mandatario tiene la
costumbre de responder a todos los forward con presentaciones powerpoint que le
envían sus contactos. Sus favoritos son los de Franklin Chang, que siempre
tienen fotos asombrosas de la tierra y el sistema solar. Entretanto, Suzanne se
sienta en una de las sillas de la oficina, llama a sus hijos y diseña el menú
del día de hoy. Vivaldi sigue sonando en toda la casa.
- Óscar, ¿vos le devolviste la llamada a Rodrigo? Acordate de llamarlo hoy y
preguntarle cómo siguió. A mí me dijo que seguía fregado
Pero Óscar Arias no se toma muy en serio las observaciones de Suzanne. Finge
prestar atención, asiente, agradece y sigue entretenido con un powerpoint que
le envió Memo Zúñiga.
-Amor, ¿vos sabías que tomar agua fría con las comidas aumenta el riesgo de
un infarto?
Johnny Araya recibe a la cooperación china en el despacho. Con un inglés muy
palmareño y pintoresco les da muestras de consideración y respeto y los invita
a caminar por el Paseo Unión Europea. Todo parece indicar que en pocas
horas se va a venir un baldazo del demonio. Johnny duda entre referirse a la
inminencia del aguacero o saludar a una vendedora de periódicos que se le queda
mirando con una mezcla de extrañeza y precaución.
Luego de ver detenidamente la décimo tercera presentación de power point, Arias
decide levantarse de su silla y va a la sala donde Suzanne está leyendo
revistas.
-¿Ya hablaste con Rodrigo?
Han pasado 2 horas y 37 minutos desde que Suzanne formulara la misma pregunta
- No, amor, todavía no. Mejor lo llamo después de almuerzo o en la nochecita
porque a esta hora siempre está en juntas. Imaginate, hoy, que es lunes.
Imposible. No, no, si Rodrigo pasa de un lado a otro. Por eso se enferma.
Yo le he dicho montones de veces.
Arias hace una pausa y vuelve con cierto nerviosismo al tema que lo ocupa
- Pero diay, vos has visto que no deja que nadie se meta en las empresas.
Suzanne esboza un gesto lleno de desaprobación y escepticismo. Luego sonríe con
ternura
- Yo sé que te da pereza. Yo entiendo. A mí también me cansa hablar con
él. Pero es tu hermano, Óscar. Pobrecito. Sería bueno que vos le des apoyo.
Johnny Araya acaba su encuentro con los representantes de la cooperación
china y los deja en el Barrio Chino. Mira su iphone y advierte que Rolando
escribió diciéndole que le espera en El Chicote a las 12. Son las 11:40
a.m. Aun puede llegar a tiempo. Pide al chofer que apure el paso y le
recomienda irse por Barrio México porque, según escuchó, en Paseo Colón hay un
choque y en Barrio Don Bosco una manifestación de enfermeras del Blanco
Cervantes. Por un momento vacila, duda y valora la posibilidad de llegar un
poco tarde para ir a ver a las enfermeras. Al final desiste, ya que le bastó
noche cuidando a su abuelita para comprobar que las enfermeras de la CCSS no se
parecen a las de Graýs Anatomy.
Poco antes del almuerzo, Arias está jugando angry birds a escondidas de
Suzanne. Se encierra en el baño de visitas, pone el ipad en mute y juega a
despecho de su túnel carpiano. Desde la última vez que sufrió una inflamación
en la muñeca derecha, Suzanne le prohibió jugar y mandar mensajes de texto.
Pero el ex mandatario y Premio Nobel de la paz no resiste la tentación.
- ¿Dónde está Óscar? ¿Alguien me puede decir dónde anda?
Pero la servidumbre tiene claras directrices de no informar nada acerca del
paradero del patrón. Y mucho menos a la Sra Fischel, que ya en varias
oportunidades se ha mostrado poco condescendiente y media arrancada.
- ?Cómo es posible que nadie lo haya visto
Y Suzanne se marcha al cuarto sin decir palabra alguna. Ella no puede creer que
el mismo político pacifista que se retira del teatro cuando empieza la Obertura
de 1812, esté ahora escondido en alguna pieza de la casa entretenido con un
juego donde alguien estrella pajaritos contra unas estructuras de lo más
ridículas.
Rolando saluda con un fuerte y sonoro abrazo a su hermano. De inmediato Johnny
dirige la vista a la mesa y se topa con la sorpresa
- ¡Tío! ¡Qué bueno verlo!
Luis Alberto Monge se sienta, cuan ancho es, en una de las sillas de la mesa 17
del Chicote y sonríe temblorosamente, como sonríen todos los ex alcohólicos
cuando se muestran en sociedad. Después de intercambiar algunas palabras los
tres miran el menú y resuelven pedir sopitas de entrada y lomo a la parrilla
con yuca de plato fuerte. Los tres toman coca cola.
A menos de un kilómetro de distancia, Óscar Arias almuerza pollo, verduras al
vapor y puré de camote. Él y Suzanne, además, toman vino blanco italiano.
No hablan. Suzanne está ligeramente molesta por el asunto de angry birds. Y
Arias solo puede pensar que los pajaritos rojos del nivel por el que va, se
parecen mucho a Luis Alberto Monge cuando llegaba hasta el fusil al Balcón
Verde a pedir puestos para sus sobrinos.