sábado, 25 de junio de 2011

Una parcelita que habitamos como a un bodoque de mierda (de la inseguridad)


Yo creo que ya existe suficiente información teórica y empírica que explica las razones por las cuales nuestra sociedad es percibida como una sociedad más violenta. Ya se ha hablado mucho de asuntos "integrales", "estructurales, "coyunturales" y de cuánto adjetivo pomposo se inventan los investigadores sociales. Mucho se ha leído a Foucault a Derrida y a Althousser. En defintiiva ya ha pasado mucha agua bajo el puente. Y sin embargo, persiste una reticencia (por parte de muchos investigadores) a reconocer que estos fenómenos, a menudo, precisan un abordaje represivo, en el sentido más clásico del término. Naturalmente todo ello parte de un reconocimiento efectivo, y acaso resignado, de la dinámica del poder. Eso lo sé bien. Sucede que a veces, me da por pensar en las personas reales, no en los super hombres y super mujeres hipotéticos que siempre citan a los filósofos de Frankfurt. Me refiero a los que que viven en este país comprando repostería y ropa en promoción. Los que pagan cuentas, alquileres y recibos de teléfono. Los que se sienten felices cuando salen en la noche a comer o a tomar un trago con los amigos. Los miserables pequeño burgueses de carne y hueso que no les gusta viajar de pie en el bus y que detestan mojarse los zapatos cuando llueve. Los eticamente degradados ex universitarios que se olvidan de los cursos de teoría política y la cultura cuando tienen que pagar una escuela privada para sus hijos o una clínica para sus padres. Me refiero a esas gentes que necesitan de una institucionalidad que sea capaz de gestionar el riesgo y la seguridad de manera efectiva. Se trata de esas gentes que, por otro lado, no son tan ambiciosas. Los que simplemente precisan de un par de policías que se queden en la esquina fumando y saludando a los vecinos. La frasesita tiene un lastre eglógico y bucólico que le debe mucho a Magón y a la literatura costumbrista. Lo sé bien. Quizás, la rabia me aleja del sano juicio y la cordura. Igual me vale un cojón incurrir en ejercicios politicamente reprobables. Anoche, Alejandro Chacón, un muchacho de 23 años que trabajaba en la institución donde yo trabajé 4 años, murió porque un miserable le metió un tiro en la nuca. Si la gramática de la cultura permite que un muchacho de 23 años sea asesinado por un hijo de puta que se enfadó por un pitazo, entonces, señores y señoras, esta parcelita que habitamos es un bodoque de mierda y dista mucho de ser el país más feliz del mundo.