
Fue un espanto. Heiner Mora, como suele pasar siempre, parecía que había entrado por Honduras. Bryan Ruiz, enquistado en el medio de la cancha, estaba más preocupado de que algún equipo de la liga europea lo contratara; cada vez que tenía la bola quería lucirse como si en las tribunas estuviera Mourinho, una querida o el papá al que siempre quiso darle un gol de regalo del día del padre. No funcionaron ni sus mamonadas ni sus afanes. Como tampoco funcionó Celso, que a veces parecía que estaba viendo el partido en casa, en el nuevo televisor LCD que le regaló el presidente de Horizonte Morado a Guima.
Keylor se para en el arco con los testículos y los ovarios de todo un país. Marshall también: anotó y salvó un gol hecho. Que dios te lo pague, Keylor. Que Dios te lo pague, Marshall
Durante el partido todos pensábamos que Junior Díaz merece el destierro o el fusilamiento. Pero cuando Lavolpe lo sacó nos dimos cuenta de que nuestras oscuras ambiciones eran demasiado complacientes. Como dijo Pepe, la muerte es un honor que lo excede. Junior Díaz es aún más malo que tata, y eso ya raya en el hiperbaton. Pero no quiero hablar más de Díaz porque me pongo amargo y hoy es día del padre.
A Salvatierra se le mostraba empeño y buenas intenciones, no obstante, todos saben que el camino al infierno ( la eliminación) está colmado de cosas como esas. El gol de Honduras fue responsabilidad suya. Salvatierra es un cretino perseverante que únicamente puede comprender las directrices de un analfabeta como Mauricio Montero. Quizá valdría la pena ponerle traducción simultánea durante las charlas de Lavolpe.
Johnny Acosta no llegó al partido porque se quedó en el hotel con una prostituta coreana. Y dicen que le cobró carísimo porque tuvo que compartirla con Diego Madrigal. Como Johnny Acosta no llegó al partido, Bryan Oviedo tuvo que bajar a cubrir el agujero. Oviedo tiene 3 pulmones y cuatro ojos, con dos de ellos, sigue llorando por la muerte de su padre y con los otros dos inventa jugadas. Bolaños me gustó. Sin embargo, un partido no se gana a partir de individualidaes aisladas que ya de por sí son modestas. A Ureña se lo comieron las líneas hondureñas y la pretensión de que estaba jugando contra Cuba. Estuvo fuera de juego casi todo el partido.
Así como existen perdedores de buen gusto (el Macho Mora y Carlos Manuel Castillo, por ejemplo), existen también perdedores vulgares como Otón Solís y Saborio. Honduras estaba mejor parado que nosotros, por supuesto. Sin embargo Costa Rica tuvo todo para ganar. Naturalmente ellos tenían una ventaja enorme a su favor: Alvaro Saborio. Saborio tiene el hado calamitoso del hijo natural. Por un resto de piedad o de honor, en caso de que tal cosa exista en sujetos como él, Saborio debería suicidarse.
A lo mejor, hoy Álvaro Grant MacDonald se levantó con una sensación de amargura hostil, ante el posible recuerdo de unos profilacticos de mala calidad. A lo mejor, hoy va a dejar el teléfono descolgado.
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