
Todos quieren ser el puto amo. El mordaz y exitoso entrenador, mezcla de yuppie y espartano resentido. Todos quieren ganar, aunque en ello sea preciso disponer dentro del área de 9 defensas más un portero. Es comprensible, naturalmente. Ayer, por ejemplo, Rubén Israel quiso ser Moruinho y casi lo logra. Huelga decir que un raquítico Zelaya no tiene el menor parecido con Cristiano Ronaldo y que Montes dista mucho de ser como el genial Iker Casillas. No obstante, es claro que Rubén Israel anoche quiso ser el puto amo. Sus ridículas y delirantes afirmaciones sobre un presunto favorecimiento de Marrufo hacia Costa Rica lo ubican en un lugar muy próximo al "por qué, por qué, por qué, por qué" del puto amo. No hay duda: todos los entrenadores ahora quieren ser como Mourinho. Quieren salir al campo de juego con la precaución calculadora de un especulador financiero. Pero se trata de la figura de un especulador contemporáneo; uno que haya a interiorizado los descalabros dereivados de la temeridad que otrora caracterizó a los agentes de bolsa que se lanzaban desde los rascacielos ante el estupor de Lorca. Los especuladores del 2011 saben que Bank of America Merrill Lynch perdió millones y ninguno quiere ser Bernard Madoff. Así son los entrenadores del 2011. Todos tienen muy fresco el recuerdo del 5 a 0 de noviembre del 2010 en el Camp Nou y ninguno se presta a derroches gratuitos. Algunos son demagogos cursis a lo Pep Guardiola y se compran trajes caros y se yerguen como defensores autoconvocados de las causas justas. Sin embargo, en el fondo, todos quieren ser como Mourinho porque todos quieren ser ganadores (aun a pesar de que tal cosa les pueda privar del favor de las chicas lindas de Barcelona). La mourinhización de los entrenadores es muy semejante a una presión inflacionaria y provoca volatilidades de mercado muy perniciosas. Curiosamente ésta es una volatilidad en la que el riesgo real se minimiza con un furor casi paroxístico. Un 1 a 0 basta. Y cuando este resultado aparece en los titulares de periódico, todos, muy intimamente, acarician el recuerdo del Inter y se rascan el mentón. Tales situaciones no están excentas de los giros chauvinistas y la seducción del macho. Un buen entrenador, en la actualidad, debe ser beneficiario de unos cojones capaces de provocar estremecimientos en los arietes. Por eso Mourinho presume al constatar que en un partido relevante, goleadores notables como Cristiano Ronaldo o Samuel Eto acaban convertidos en una suerte de Franco Baresi. Por eso mismo, obviando las distancias, Rubén Israel se regocija en un Quintanilla caricaturizado en la saga. Desde luego que Mourinho no inventó el fútbol calculador. No obstante él fue quien lo llevó a un estadio muy similar al del drama hollywoondense. Todos quieren ser el puto amo porque vieron a Tom Cruise en Jerry Maguire. De Montevideo a Nahuizalco. De Lisboa a Rosario, pasando por Guadalajara y Sagrada Familia. Todos quieren ser el puto amo.
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