domingo, 25 de abril de 2010

De otros cartagazos y cartagazas guana bi


De ser posible escogerían no sudar. Además sienten una aversión profunda por las vellosidades. Muchos tienen nombre pero prefieren ser llamados por inocuos calificativos seguidos de su primer apellido, pues ante todo son una afirmación del patriarcado. Aún cuando se trate de muchachas no es del todo absurdo imaginar accesos chovinistas en intimidad de una mesa de algún bar capitalino. Ocasionalmente asumen poses fastuosas y progresistas pero la mayoría del tiempo son como peregrinos comisarios de la moral. En reiteradas oportunidades se les ve en sitios de moda saludando a sus amigas y amigos con apellidos extranjeros y diminutivos. Otras veces son como estólidos estudiantes de secundaria rural que comprometieron su expediente de crédito para agenciarse una maestría del INCAE. Pero también los hay con etiquetas menos insulzas y con ambiciones cosmopolitas. Emuladoras cavilaciones fueron poderosas a que estas gentes transitaran de la birra con hielo al vermouth. Bajo la égida de una fascinación vintage reivindican preferencias musicales otrora polas. Y el correlato de tal reivindicación es una moda ecléctica, a veces retro, a veces hispter. Pero también saltaron del guaro sour a la rivera del duero con la misma devoción purista que se estilaba ogaño. Muy pocas veces se sienten a gusto con la casa que los vio nacer y si pudieran se pasarían la vida buscando un titulo nobiliario que acredite sus pasatiempos. En el mejor de los casos follan una sóla vez al mes con la luz apagada y antes de dormir sienten pena por la vestimenta de sus amigos. Regularmente se emparejan entre ellos mismo aunque eso no quiere decir que estén exentos de compromisos extraterritoriales. Son los mismos adolescentes que se avergonzaban de ser cartagos con la salvedad de que ahora tienen un mejor currículum. Odian ir a la playa porque aún odian su cuerpo y porque su autoestima se mide en kilos. De ser posible escogerían no sudar y tatuarse l´art pour l´ art en el antebrazo pero no saben francés y nunca leyeron a los poetas de le parnasse. Son inmensamente dichosos esas noches en las que todo les hace pensar que protagonizan una peli de Win Wenders. Por supuesto que la ilusión cae vencida por las demoras del taxi colectivo en Chelles y los agujeros del mosquitero y la cucaracha muerta en la bisagra. De ser moralmente plausible se matriculaban en unos de esos cursos para aprender a ponderar las cualidades de un buen vino. Por las mañanas, cuando se dirigen a sus clases de inglés en el Centro Cultural, sienten que el destino les tiene reservada una vida venturosa en Nueva York. Entretanto, orientan sus esfuerzos (sea la imaginación o la neurosis) y hacen de Chepe Centro un Grenwich Village o un Soho.

2 comentarios:

Echac dijo...

Moralmente plausible.

Previa plática por mensaje de texto:
¨La Nausea Cascarabias¨!

Así es la cosa de simple y escalofriante, no por sorpresiva, sino por el retorcijón de panza que provoca!

raaul dijo...

¿Te he dicho que me encanta cuando compartís el lapiz con el hígado? Muy bueno!!!