jueves, 13 de octubre de 2011

Crítica de la razón yuppie (la economía de los afectos en el mundo de los pulperos trasnacionales)



El capitalismo es estúpido. Lo digo de manera enfática y categórica, a pesar, incluso,  de que no pueda negar que me gusta tener dinero. Soy uno de esos individuos frívolos y comunes cuya mayor alegría se reduce a la dudosa contemplación de un saldo positivo a fin de mes.  Antes bien, me atrevería a decir que ni siquiera el efectista pendejo del Dalai Lama puede negar que, en este momento histórico, el dinero es lo más importante en el mundo.

Por supuesto que el problema del dinero no es un asunto facultativo. Nadie, salvo los exóticos, los ascetas y alguno que otro cínico bueno para nada, elige no tener dinero. Pero tampoco creo que alguien pueda sostener que el dinero, o los beneficios que se derivan de su posesión, es una propiedad esencialmente capitalista. Lo enuncio como alegato de razón chancletuda: el hecho de que me guste el dinero no significa que, en rigor, me guste vivir en una etapa de la historia, caracterizada por un modo de producción, según el cual existe un monstruo metafísico, al que llaman mercado, que todo lo dispone  y que infunde  temor en los inversionistas.

Pero si el capitalismo es estúpido, eso que llaman "mercado" constituye el paroxismo de la idiotez. Basta un solo hecho para demostrarlo: pocas semanas antes de su quiebra, "el mercado" daba señales acerca de la pertinencia de invertir en Lehmans Brothers. Por supuesto que no es necesario irse hasta Nueva York. Detengámonos un momento en el "Manhattan Costarricense". El cluster de top models y seudo yuppies de Escazú/Santa Ana es, ante todo,  incomodo, feo, caliente y, por si fuera poco, sus vías de acceso dependen de un adefesio estructural al que llaman autopista y  de un puñado de trillos precariamente asfaltados. La racionalidad burguesa del siglo XXI parte del principio de que la adversidad es capitalizable mediante una estética ultrabarroca y una lógica necolonial del espacio. Es decir, se trata de vender todo para que los especuladores saturen el paisaje con edificios rostipollescos que, en un día, consumen la energía que consume todo Desampa.

Escenarios como este son los más propicios para el ejercicio de la política de lo irrisorio y el despropósito. En los marcos de una presunta concatenación abosulta se afirma una contextualidad epocal crítica en la que siempre ocurre algo malo. Que el régimen de pensiones está más quebrado que una galleta soda en la bolsa de atrás del pantalón. Que el mundo está a las puertas de un abismo. Que la producción vacuna contribuye más al calentamiento global que la flotilla de buses de San Pedro y Curridabat. Que los colerones y las apretadas de chfrijo de Laura Chinchilla le provocaron cálculos biliares. Que nos van a clavar un garrotazo fiscal. Que el país, según La Nación, no tiene rumbo.

No cabe duda de que, si la integración de la experiencia del pasado al presente fuera una racionalidad, en Costa Rica prevalecería, ante todo,  la minusvalía. El subdesarrollo está ahí: como una hostil hemiplejia. Al lado de las declaraciones bombásticas de los editoriales figuran las pendencias mezquinas de los dirigentes liberacionistas y los anuncios de condominios encantadores. Los medios de comunicación articulan una percepción de que el mundo es una creación ex nihilo en la que todo es un “ex” de todo y en la que el otrora polo es un referente de la moda, o viceversa.

Uno de los casos más emblemáticos de este fenómeno de sustitución compulsiva es el de Alejandro Rueda, un aténtico “ex principal”, que conoció la mayor degradación que puede sufrir un animador de televisión al ser sometido al ominoso transito que va de Canal 7 a SINART. Pero también están las “ex guapas” como Glenda Peraza o Vica Andrade o los “ex gordos” como Kike Robles. No menos curioso resulta destacar situaciones jocosas y, acaso frívolas, de “ex bigotones” como Marcelo Castro o José María Figueres o “ex presidenciables” como Rolando Araya o José Miguel Corrales. Los  “ex ricos” ocupan un lugar particularmente interesante pues nutren esa compulsión mórbida, según la cual, el sufrimiento ajeno nos hace sentir superiores, a la vez que insinúa en nosotros la posibilidad de dolor. Por esa razón Carlos Hernán Robles, los Yazdani, Pollo Macho y Omar Chávez no figuran en las tapas de periódico ni en la Teleguía.

Por el contrario los “ex pobres” constituyen verdaderos ejemplos del éxito, ya que aportan insumos a la industria de la demagogia y a la retórica del “entrepreneur”. Eso explica que un ignorante sin gracia ni talento como Porcionzón ocupe un lugar especial en los medios de comunicación costarricenses. Sucede lo mismo con los “ex feos”, tal es el caso del animador del Chinamo, Carlos Álvarez, o con los “ex buenos para nada”. Cabe señalar que estos últimos  se encarnan milimetricamente la figura del motivador y de manera especial en la estrella de las lecciones de vida de Buen Día: Mauricio Corrales.

“Ex comunistas” como Rodolfo Cerdas,  “ex chancletudos” como Manuel Obregón y “ex hippies ilustrados” como Leonardo Garnier se cotizan mejor que el oro en los mercados bursátiles del sentimentalismo popular. No podemos dejar de mencionar personajes folclóricos como Pilo Obando que hacen las veces de “ex tapis” y “ex católicos” y que conquistan a los corredores de bolsa del corazón con perogrulladas vernáculas. Asimismo sería imperdonable olvidar a las “ex ticas” como Verónica Bastos y Maribel Guardia, o los “ex negros” como Randy Allen Hall, el presentador de Destinos Tv,  o los “ex blancos” como Manuel Monestel de Cantoamérica, o las “ex hembras” como Nono Antillón, o los “ex machos” como Edgar Silva.

Según se osberva, la incertidumbre del “yo” puede llegar a ser atroz. Y como cualquier actividad de alto riesgo su rentabilidad ronda los linderos de lo sorprendente. Un día un hombre se levanta en Nueva York, digamos, como Secretario General de la OEA, y al otro día está metido en una perrera del OIJ camino a la chirona en Goicochea. Una mañana de febrero un candidato a la presidencia se disputa la portada de SOHO Mujeres con el Mister Costa Rica de turno, y a la mañana siguiente no es más que un casi guapo, pandereta, cuya novia tuvo la osadía de depositar el cuerpo de cristo en la bolsa de su camisa. Una noche el director de Telenoticias se acuesta con su esposa en medio de promesas de fidelidad, y a los días ésta no es más que la artífice de una tremebunda perfida amoris en la que figura un ex presidente premio nobel de la paz.

Claramente el amante traiciona y eso nos embarga de desconsuelo. Pero el capitalismo y el mercado se han ocupado de desarrollar un amor dotado de funciones operativas y fabricado con control de calidad, con extras. Cada día aparece una aplicación nueva para ipad. Cada día hay más gadjets y widjets para esta economía financiera de los sentimientos. Por eso los adolescentes sucemben antes de morir de confort y se abocan a las más desastradas faenas y bajan a los apartamentos de soltero de los nicas indocumentados y van a las casas de los yonquis a leer a Wittgenstein y excretan devoción capitalista en las mismas letrinas donde la Revista Vogue se utiliza como papel higiénico. 

Queda el dinero y las tarjetas de crédito y, pese a todo, el capitalismo es estúpido... Vaya novedad...