
En otro tiempo me entretenía escuchar sus conversaciones sobre aeropuertos, restaurantes, tiendas, diseñadores, exposiciones, cortos cinematográficos, artículos apple y grupos musicales que nunca eran los que yo escuchaba. En otro tiempo presté a atención a sus modales y a las lecturas que recomendaban. Hubo noches que me las pasé rastreando sus pasos a través de esquinas arrugadas y en medio de rostros pintarrajeados. Bebí los mismos tragos que bebían y compré sombreros como los suyos. Seguí las elucubraciones de su muro de facebook y me abstuve de publicar comentarios sobre sus posts en tanto no supieran quién era yo. Me hice cortes de cabello semejantes a los suyos y compré gafas como las que usaban para asistir a la inauguración de las exposiciones de arte. En otro tiempo me devanaba los sesos buscando el significado de las palabras que les escuchaba decir. Asumí sus posiciones y, si bien yo nunca había sido una persona, digamos, ducha en cuestiones políticas, traté de emular sus discursos progresistas. Me convencí de que era indispensable aprender a hablar otras lenguas, toda vez que creyera que el destino me tenía reservado un lugar en alguna de esas ciudades que ellos acostumbraban visitar. Los viernes de cada quincena o cualquier otro día que fuera financieramente posible preparé platillos como los que ellos preparaban. Dejé de comprar té royal y aproveché las facilidades de financiamiento de la asociación solidarista para adquirir una set de té estilo art deco imitación vogue. En otro tiempo me dejé seducir por su ciber-folclorismo y me disfracé del estereotipo imperante en cada temporada. Tan pronto como les hice ver que mi nombre no era un traje sin hombre adentro me deshice de las prendas zara reduced y lefties. Ahora, creo, soy como ellos. Me reconocen como uno más. No saben, por supuesto, que hay noches en las que siento pena de que no sepan cómo se llamaba mi mejor amigo de escuela o mi mamá. En otro tiempo los hubiera invitado a mi casa pero ahora soy como ellos. Todos los viernes de fin de mes me muevo con ellos de bar, según corresponda, del bar cool al bar que recién inauguraron con el firme propósito de ser más cool.
2 comentarios:
Si, todos extrañamos los viernes/sábados en tu casa. Antes accidentalmente botábamos jaulas con la cabeza, ahora nos vamos de jupa en ellas... Es curioso, nunca me siento más joven que cuando escucho música ahora vieja (clásicos que llaman...), sin embargo buscando ese new-spirit en ambientes jóvenes lo que encuentro es un montón de musgo en un dancefloor, algunos lo confunden con terciopelo, pero que va... es musgo sin duda.
Como dijo Bosé, ¨nada particular¨.
Hey, I am checking this blog using the phone and this appears to be kind of odd. Thought you'd wish to know. This is a great write-up nevertheless, did not mess that up.
- David
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