
Se dirigió a su esposa y le aseguró que no había otra alternativa. Según dijo, Don Norberto Gómez le ofreció una tasa de interés mucho más favorable y, en todo caso, la casa era lo único que quedaba. Por otro lado, a los cincuenta y dos años, sin grado académico, sin entender un ápice de computación o inglés, no tenía más opción que hipotecar. Don Norberto era un buen viejo, siempre fue muy amable cuando se trataba se entregar depósitos bancarios, él le conocía bien, recibió tantos depósitos como semanas tiene el año durante los treinta y tres años que fungió como cajero. Don Norberto no acostumbra dedicarse a un oficio tan innoble, fue una pequeña concesión, merecidísima, claro está, él lo había atendido con entereza y deferencia cuando llevaba los depósitos bancarios. Su esposa no debía preocuparse, con esa platita era posible montarse un negocio de venta de empanadas y hamburguesas, para los chiquillos del colegio, para los taxistas. La inversión se recuperaría a la mayor brevedad, él sabía de finanzas, algo debía quedar después de treinta y tres años de contar cincos, pesetas, colones, chapas y billetes. Don Norberto no les quitaría la casa nunca, es un buen viejo, además, para qué va a querer una casa humilde, él ya tiene la suya, es más, acaba de comprar el terreno contiguo para construir un edifico de oficinas, incluso le ofreció comprar la casa, pero no tenían dónde ir, por eso no la vendió. Su esposa preparaba unas empanadas suculentas, todos los amigos las celebraban, las de frijol con queso eran las mejores, y los chiquillos del colegio les encanta, y los taxistas prefieren comer algo que les permita seguir conduciendo, de modo que nada había que temer. Don Norberto Gómez es un buen viejo. Cuando llevaba los depósitos bancarios él se daba cuenta de cuán rico era el viejo y siempre guardó la más estricta confidencialidad, de seguro Don Norberto recuerda las continuas ceremonias con que le agasajó desde la caja número 9, en la Sucursal de Barrio Los Ángeles. Y el viejo ya tenía mucha plata, con las fincas y las lecherías y los edificios de oficinas. Nada de usura. Nada de agio. Él había conseguido una tasa de interés muy favorable. Nada de arriesgado, si Don Norberto mismo llevó y costeó los gastos del abogado, era un sobrino suyo, de confianza, muy simpático el muchacho, tiene el Bufete en la casa que fue de Rigo Brenes, aquella donde vivía con su madre, es que cuando ella cayó enferma la desesperación y la falta de dinero los alejó de la cordura y el sano juicio. Pero su caso era distinto pues había conseguido una tasa de interés más favorable y Don Norberto era un buen viejo. Mientras él hablaba su esposa permanecía silenciosa como una luna enferma. La mujer recordó que su padre una vez le dijo: "es lo único que te puedo dejar, la casa, lo único, la casa que fue de mamá, que fue mía y que será tuya cuando yo me muera". Y en efecto el padre murió y la casa pasó a pertenecer a la señora, y el señor la hipotecó para ponerse un negocito de empanadas, y los chiquillos no compraban, y los taxistas preferían llevar su propia cena, y Don Norberto una tarde mandó a su sobrino, el abogado, con un ultimátum judicial, y la casa la demolieron para construir un parqueo, junto al edificio de oficinas del bueno de Don Norberto Gómez.
(Crónica escrita en el 2005)
1 comentarios:
ay juan rulfo, ay quincho gutierrez, ay quiroga.
Ya estanos bien de hamlets
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