viernes, 16 de noviembre de 2012

Brevísima relación acerca de los extraños acontecimientos ocurridos en las Villas Nueva, Vieja y Lalajuela y los descubrimientos relativos a Paracelso Arias de Sánchez, alquimista, adelantado oligárquico y conocedor de árcanos (o de cómo el homúnculo Fabio de Molina llega a ser diputado)

Como dijo el santo Fray Bartolomé "todas las cosas que han acaecido en las Indias, desde su maravilloso descubrimiento y del principio que a ellas fueron españoles para estar tiempo alguno, y después, en el proceso adelante hasta los días de agora, han sido tan admirables y tan no creíbles en todo género a quien no las vido, que parece haber añublado". Y pareciera que tales cosas maravillosas, después de tanta agua corrida bajos los dudosos puentes y autopistas de estas tierras, siguen sorprendiendo y abrumando, tanto la mente del perezoso cholo de reducción,  como a la del más avisorado cristiano. Es por eso que resulta, por demás oportuno y lícito, referir, aunque sea sumariamente, los hechos acaecidos en las villas antes referidas y, en especial, los hallazgos portensosos del ahora celéberrimo Paracelso Arias de Sánchez, una suerte de hermano oculto de los reconocidos adelantados oligárquicos del Barreal y tierras allende, que, en virtud de sus reales credenciales y su poder irrefrenable, han gozado del favor de los electores y la admiración  de los salvajes que habitan tales lares.

No cabe duda de que en el preliminar anonimato del dichoso Paracelso ruedan los molinos del Altísimo y que todo ello no es otra más que obra de su misericordia e infinita sabiduría. En un principio, valga añadir, los rumores acerca de los móviles que subyacen en las fatigas misteriosos del sabio fueron poderosas a que los veedores destacados y el mismísimo Obispo sobresaltaran sus reposadas y santificadas vidas y decidieran destacar a sendos comisarios para determinar si en la obra del alquimista se vislumbraba la huella del maligno. Pero a toda obra ignota la luz llega y alumbra hasta los musgosos meandros de la actividad pagana y en ella se solaza la bondad ulterior. Y además la Providencia Divina tiene dispuesto que en el mundo,  para direción y común utilidad del linaje humano,  se constituyan reinos y pueblos, reyes, países, villas con centros comerciales, zonas francas y call centers, capitales con diputados dueños de parqueos, como padres y pastores y ovejas y lobos, además de sabios conocedores de los misterios.  Así se colige que Paracelso Arias de Sánchez, el sabio de la villa vieja, deba ser concebido, en sí mismo, como una más de las ofrendas ininteligibles del Divino Creador, como la peste y la enfermedad, como los ingenieros del MOPT y las espinillasde en la adolescencia, como los pelos de las orejas y las cabezas de vena.

Relatan los indios y demás salvajes de Lalajuela que el sabio Paracelso redundó en tantos intentos como yerros para la consecución de su obra . Una vez hubo  elucubrado cuál iba a ser la suerte de los futuros gobiernos en aquellas tierras malsanas, Paracelso decidió mostrar los resultados de sus ejercicios alquimistas y enseñó a todos quienes habitaban allí la insospechada muestra de su ingenio, que, por obra de Dios, quiso anticipar la llegada de elecciones y posibles fallos constitucionales no favorables. Así pues, fue como los salvajes y cristianos contemplaron por vez primera vez desde el incio de los tiempos las travesuras y gracias que podía hacer aquél que los alquimistas antiguos llamaron "homúnculo" y que la posteridad conocería como Fabio de Molina.

Muchos eruditos conocían el procedimiento de la receta tradicional para fabricar un homúnculo, la cual exige la combinación de una bolsa de carbon, mercurio, fragmentos de piel o pelo de cualquier humano o animal del que el homúnculo sería un híbrido. Empero, ninguno de ellos logró llevar el proceso a cabalidad y, por el contrario, derrocharon tiempo y sudores en la elaboración de fétidas mezclas y nefandas alquimias carentes de inteligencia. Se supo luego que el secreto de Paracelso Arias de Sánchez fue combinar diferentes elementos de tradiciones variados, tal es el caso de la audaz sustitución de la mandrágora por una raíz de chayote y el empleo de vino de coyol y guaro de contrabando en vez de semen de ahorcado.

El homúnculo, o Fabio de Molina como se le conoció desde el inicio, incurrió en gracias y travesuras inofensivas valiéndose del aprecio que le profesaban todos los salvajes y cristianos de entender limitado. Llegó a ser diputado y dueño de una ferreteria  pero su vertiginoso despegar empezó a despertar suspicacias en otros adelantados que por allá merodeaban. No se sabe a ciencia cierta qué suerte corrió al final pues luego de tales sucesos sobrevino un periodo en el que las fuentes resultan inaccesibles y escasamente fidedignas. Se sabe que los adelantados Arias de Sánchez, hermanos de Paracelso, el alquimista, tomaron el poder desatando la ira de Dios por los males y daños, perdición y jacturas que infringieron a tales reinos, y, por mejor decir, de aquel nuevo mundo, concedidos y encomendados por Dios y las empresas trasnacionales para que se los reeligiese y adorase. Del dichoso alquimista se supo que lloró y sufrió por las vilezas hechas por sus hermanos y su homúnculo contra aquellas indianas gentes, pacíficas, humildes y mansas que a nadie ofenden. Pero, como decían los antiguos, no sirve llorar sobre la leche derramada y las líneas con las que escribe el Señor son a veces inexpugnables, más allá de que nos resulten, a veces,  inicuas, tiránicas y por toda ley natural, divina y humana, condenadas, detestadas y malditas.


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