1.
Sin duda el proceso de construcción
identidades subjetivas en facebook es un pacho. Resulta, por demás, ostensible que dicho proceso no escape al
vértigo identitario y al revisionismo histórico que suele caracterizar este
momento histórico y que, por otro lado, se conjugue con los diversos patrones
de consumo cultural que modelan a las
categorías y grupos sociales. Pero más allá de lo entretenido que resulte, para
un cartaginés fisgón de mi talla,
meterse a chepear en los muros de facebook de los excompañeros de
escuela o de la U, no deja de ser
llamativo el hecho de que facebook permita construir una serie de vasos
comunicantes entre distintos ámbitos de la realidad que, de otro modo,
permanecerían desarticulados. Por ejemplo, antes de facebook la mayoría de los
votantes del PLN no condenaban a los cazadores de pumas o jaguares de las zonas
rurales porque ni siquiera se daban cuenta de su existencia. Eso es todo un
avance, ¿o no?
2.
De todos modos, cuando yo era carajillo
acostumbraba ir a montear todos los
domingos con mi tata, mi abuelo Memo y algunos amigos suyos. Si fuera, más o menos,
escrupuloso debería confesar que, en lo que a mi participación atañe, estas
cacerías no pasaban de ser inofensivos paseos a la montaña, con unos cuantos sabuesos que,
ocasionalmente, daban con el rastro de alguna presa (predominantemente conejos
y cherengas) y que, la mayoría de las veces, se la pasaban correteando en charrales
y trillos.
Naturalmente, mis compañeros de la Escuela
Winston Churchill conocieron una versión
de la historia menos observante del rigor fáctico, en la que yo me erguía como
una suerte de Allan Quatermain del barrio La Soledad de Cartago. De ese modo,
los lunes de mi infancia se convirtieron en prolijos insumos de la industria de
las mentiras piadosas. Ahora bien, si me
fuera dado el dudoso favor de de la posteridad (que, pese a todo, siempre es complaciente con los ejercicios
hiperbólicos) y del hecho, nada despreciable, de que mis excompañeros no suelen leer lo que
escribo, debería decir que, en total,
durante mis años de monteador (de los 6 a los 15, más o menos), cazamos 2
conejos, 1 pava, 1 una ardilla y 2
palomas moradas. Es decir, nuestras cacerías tuvieron un impacto ecológico
semejante o menor al de tomar coca cola, mascar chicle y comer carne de soja (en ese
orden).
3.
Pero a día de hoy, en ciertos ámbitos del
mundo “feisbuquiano” costarricense, matar un puma es tan condenable como ir a
hacer fila de madrugada al recién inaugurado starbuck´s o asistir a un
culto pandereta. Con cierto nivel de
duda podría decir que en el resto del mundo los periodistas siempre llegan
tarde a la historia. Sin embargo, estoy convencido de que en Costa Rica es al
revés: la versión “cool” de la historia se objetiviza en la crónica dominical de La Nación y en el editorial de Telenoticias,
mientras “la gente” se llena de demoras y llega tarde.
Yo no sé si sea del todo encantador pero en
Costa Rica hubo un tiempo en el que nada era tan sencillo como propiciar
consensos. Al menos eso dicen algunos
amigos historiadores y yo, siempre que estoy borracho, decido creerles.
Con todo, resulta particularmente llamativo
que ciertos ejercicios de diferenciación social y cultural se sustenten en una
suerte de ductilidad ontológica que, a su vez,
permite que el otrora votante del PLN ahora se rasgue las vestiduras por
la defensa de los derechos humanos, el medio ambiente y el “caché” a la hora de
consumir (la moderación de Ignacio
Santos) y que condene, respectivamente,
a Justo Orozco, al mae que mató el
puma y a los polazos de Moravia que fueron de madrugada a hacer fila para
entrar a satarbuck´s. Aquí se percibe un proceso de transmutación, si se quiere
fantástico y feliz, que se hace peculiarmente
visible en los 3 ámbitos consensual-conflictivos más importantes del maisntream
ticazo: medio ambiente, derechos de la comunidad
LGBT y consumo con caché (o moderación).
4.
Sin que me asista el rigor analítico del
cientista social, cada vez me convenzo más de que la nominalidad de la
democracia de masas costarricense es un residuo, acaso abusivo, de vivir en un país,
ante todo, opaco y sin gracia (pero
bonito, de todos modos). Decir que, al menos, teóricamente, existe una democracia
sustantiva, dialécticamente constituida frente a la democracia nominal, a
menudo, se me antoja un exceso. Un compa
de Desampa dice que la institucionalidad
constitucional es el lubricante con el que nos la meten todo el tiempo. En ese
caso yo pensaría que, muy a su pesar, la institucionalidad constitucional es el
lubricante que más contribuye a atenuar la chimazón de tales cogidas. Por eso
no puede ser negociado nunca, sino que me desmientan las putas de ´onde Tencha:
el culo no se negocia.
Condiciones, tan célebres como vituperadas,
explican por qué la democracia costarricense es cómo es. ¿Y cómo es? Inercial,
residual, nominal, delegativa (en el sentido que lo entendería O´Donell) ¿Y qué
quiere decir eso? Que no pasa nada, que
la mesa casi siempre está servida para los dueños de la bola y que durante
décadas un empate hegemónico ficticio (el PLN contra el adversario de turno)
permitió una sucesión alternativa de
gobiernos que, muy a pesar de sus detractores, contribuyó a crear una sociedad,
más o menos justa, en la que valía la pena ser un pensionado clase media y
tener un pedacito de tierra en Orotina y un hijo médico (esta idea la tomé de
cierto intelectual cartaginés, que, según sus propias confesiones, se sabe
renco y malo, a la vez).
Ese ciclo de alianzas se vio trastocado, en
un primer momento, por la crisis de la deuda de los 80 (que provocó esa
división del PLN que, mucho tiempo después, dio origen al PAC) y luego por las
tentativas de desmantelar el Instituto Costarricense de Electricidad y los
vestigios del Estado intervencionista. Antes bien, los matices entre uno y otro
momento de ruptura vendrían dados, sin más, por la capacidad de crear consenso,
aún sin la necesidad de un verdadero empate hegemónico (como fue el caso de los
gobiernos después los PAE´s y hasta Abel Pacheco). ¿Y qué quiero decir? Que, a
diferencia del PAC o el Movimiento Libertario, el Partido Unidad Social
Cristiana se articuló de una manera mucho más eficaz con la cúpula del PLN,
permitiendo dar un mayor alargue a la estructura de consenso político y
capitalización de recursos públicos, a lo largo de la década del 80 y el 90. Las
razones que explican esto son harto complejas y, a decir verdad, no tengo
intenciones de lucir como todo un mamador. Por eso seguiré ceñido
a lo meramente descriptivo.
5.
El gran pecado del gobierno de Laura
Chinchilla fue creer que los juegos del poder se dirimen en el ámbito de la
nominalidad de la democracia. Laura Chinchilla, como toda ama de casa
costarricense, que se concibe culta y empoderada, creyó en los mitos de
Educación Cívica del MEP y pensó que un triunfo electoral apabullante le
confería suficiente legitimidad como para pagar los whiskeys de sus familiares
y colaboradores con recursos públicos, al margen de lo que dispusiera el sector
empresarial que le pagó a ella la campaña.
Laura Chinchilla, a diferencia de Rodrigo
Arias, nunca ha trabajado. Procedente de una familia sin patrimonio económico,
pero con un considerable capital social (es decir, que estaba bien conectada),
Laura Chinchilla ignora el funcionamiento del sector productivo, más allá de
los lloriqueos y rajonadas que escucha (y que posiblemente no entiende) en los
cocteles y cenas con empresarios. Si bien es cierto que se codea frecuentemente
con Harry Zürcher y con Francis Durman y
con uno que otro personaje de CADEXCO, Laura Chinchilla, al igual que muchos de
sus colaboradores, no pasa de ser una representante de esa fauna de
funcionarios que necesitan de las instituciones del Estado y de los organismos
internacionales para poder vivir como burgueses. René Castro,
su lazarillo fiel, es el mejor
ejemplo.
El análisis crítico plantearía que, de
cualquier modo, las instituciones del Estado no pasan de ser elementos que
articulan la dominación y que, de un modo o de otro, los actores económicos
preponderantes siempre se nutren de ellas. Por su parte, podríamos correr el riesgo de
establecer una oposición artificiosa entre los
sectores dominantes y caer en la
trampa mediática, según la cual los allegados de Laura Chinchilla no pasan de
ser capitalistas aventureros (en el sentido de Webber) mientras que Rodrigo
Arias representa a un empresariado serio y de alto rango. Nada de eso. Por algo
Popo Jiménez Borbón le paga un salario mensual al hermano de la presidente.
Lo cierto es que existe una dinámica de las
alianzas en el seno de los sectores económicos preponderantes de Costa Rica que
explica la retórica agresiva de un sector fuerte del empresariado respecto al desempeño del
gobierno de Chinchilla. En este sentido, no está de más considerar que el “consenso
político-empresarial” del gobierno Arias se vio fortalecido por el carácter
ascendente del ciclo económico, por la saludable situación fiscal del país
(oportunamente avizorada por Los Arias desde el gobierno de don Abel) y por
la necesidad de unir frente común contra la resistencia ciudadana al TLC. A
doña Laura, en cierto modo, le tocó bailar con una más fea. Y sin embargo, llegó al poder con una ventaja
electoral mucho más amplia que cualquiera de sus predecesores.
6.
El
tratamiento mediático tendencioso y la escasa funcionalidad de los partidos
políticos para operar como elementos de mediación entre la sociedad civil y el
gobierno, ha generado que los costarricenses interpretemos los fenómenos
políticos, predominantemente, como el
resultado de conspiraciones y conjuras fantásticas y no como procesos con precisas
(aunque complejas) determinaciones
históricas. La insistencia por parte de
muchos analistas y militantes de atribuirle propiedades subjetivizantes al
poder raya, a menudo, en el chiste. Está
claro que esa entelequia abusivamente diversa con la que se reconocen los
sectores progresistas costarricenses, opera, ante todo, a partir de impulsos
revanchistas. Si la realidad fuera tal y
como ellos la interpretan, Rodrigo y
Óscar Arias serían una suerte de Voldemorts de la política costarricense y José
María Villalta un Harry Potter alcohólico e iracundo.
No sorprende que esa diversidad
autoconvocada de los sectores progresistas, y su frecuente desprecio por ciertas
formas de racionalidad ilustrada, se
manifieste en los folclóricos comentarios de muro (muro de facebook) de
muchísimos de los contactos que uno
puede tener. Es inevitable tener amigos así, máxime cuando uno fue estudiante de Ciencias
Sociales. Recuerdo que alguna vez vi el
facebook de una chavala que se declara abiertamente a favor de un Estado laico
costarricense y según decía, rechaza todo tipo de obstáculo al desarrollo del libre pensamiento, el conocimiento científico y el espíritu
crítico. Lo chistoso es que esa mae, seguidamente, publicaba una imagen sobre
los poderes sanatorios de las velas y a continuación aseguraba que a través de
una terapia de masaje de manos podemos paliar enfermedades crónicas del
páncreas y los riñones. Cada vez que me
topo con gente así recuerdo a “Esqueleto”, el
personaje de Nacho Libre que solo creía en la ciencia y que se parece a
un mae de Cartago que es familiar de Los Villanueva.
Así las cosas, en determinadas ocasiones creer
que Dios envió su hijo a la tierra para fundar una Iglesia de pontífices,
pedófilos y palacios es mucho menos
loable que adherir la tesis de que los masajes de una estafadora o las candelas
de Ceilán alivian los cálculos biliares.
En lo personal me siento menos incómodo
con un mundo con sacristanes que uno con profetas de la soja. Pero es que yo soy un cartaginés conservador y en el fondo, a pesar de mi ateísmo confeso,
me derrumbo con las películas de Semana
Santa y lloro cada vez que escucho un tema de Morricone (todo lo cual quiere decir que soy católico).
7.
Desde que Ignacio Santos y Pilar Cisneros y
cierto sector de La Nación metieron la cuchara, los discursos a favor de los
derechos humanos de la comunidad LGBT, el medio ambiente y el consumo responsable
(la moderación), corren el riesgo de ser asumidos como certidumbres no
controvertidas y codificadas sin espíritu crítico. Por supuesto que eso no
supone una descalificación inmediata de los mecanismos y las necesidades que
articulan tales discursos. Sin embargo, no podemos negar que éstos cada vez se
nos presentan más como un atractivo conjunto de productos listos para el
consumo.
Está claro que todo eso se trata de la
búsqueda de una ética (acaso periférica)
que nos ayude a superar el traumatismo de la modernidad tardía. Pero sucede que
el whiskey, las plegarias de los suicidas y el cinismo (o la estupidez
congénita) dejan una resaca menos engorrosa que los consensos sospechosos. Por
eso, a lo mejor, valdría la pena ir a meterse una cogorza de los diablos e ir a
cantarle el Angelus a Pilar Cisneros, con un plato de chicharrones de venado y
un escapulario. Total, así las cosas, en determinadas ocasiones, viene a ser
más subversivo prenderle una velita a San Francisco que ir a votar por el PLN
con una sombrilla multicolor.
1 comentario:
Los parágrafos 5 y 7 son los más valiosos, pues además de la soltura en el lenguaje, ponen el dedo en la llaga.
Lo de ser un ambientalista gay-friendly y ser, al mismo tiempo, uno de los fachos más vituperables, creo que lo habíamos hablado ya muchas veces. Pero hay un asunto que prima (cronológicamente, quiero decir), y esto es que hay un sector comprometido con ese discurso que se lo cree como vos secretamente habrás de creer en la facticidad de la Parusía. Pero no hablo de los prende-velas, hace-yogas, adora-budas e izquierdosos que se hacen llamar a sí mismos los "progre", hablo de aquella otra especie a la que te referiste en un ensayo anteriormente : el soda, fresa, pipi, hipster. Y es que esa gente no sólo se cree ese discurso masticado porque ahora está en todas las series de CBS, si no porque ya el show de Bill Cosby lo venía promocionando desde los 80. Y porque, bien que mal, esta gente cuando imita a los gringos no los imita como los imigrantes de Pérez Zeledón (que parecen raperos semiabortados), sino que busca reproducir la imagen fantasmagórica del newyorkino sofisticado. Esto no es nada desdeñable desde el punto de vista de la acción política. Porque cuando este grupito de gente se convence de algo, y lo interioriza tanto como los fundamentalistas a la Sharia o a la Biblia, ese tipo de ideas se van a colar en las acciones que construyen y reproducen ciertos órdenes. Cuando la gente de ciencias sociales se convence de algo, eso termina en una diatrbia en Fitos que luego puede pasar a una novela o a un artículo (en el mejor de los casos) y listo. Cuando los retoños del poder se convencen de algo, eso puede acabar en un proyecto de ley, en una política cultural o en una serie de presiones intra-colectivo.
Evidentemente la construcción el concenso y la aceptación son mucho más complejas y se relacionan más con lo que vos contabas, pero esa importación de convencionalismos característica de las élites latinoamericanas (y concretamente de la costarricense) no juegan un rol despreciable.
Publicar un comentario