jueves, 5 de julio de 2012

Los tres ámbitos consensual-conflictivos del mainstream ticazo: la defensa de los derechos humanos de la comunidad LGBT, el respeto al medio ambiente y la moderación de Ignacio Santos y Popo Jiménez Borbón


1.

Sin duda el proceso de construcción identidades subjetivas en facebook es un pacho. Resulta, por demás,  ostensible que dicho proceso no escape al vértigo identitario y al revisionismo histórico que suele caracterizar este momento histórico y que, por otro lado, se conjugue con los diversos patrones de consumo cultural que modelan  a las categorías y grupos sociales. Pero más allá de lo entretenido que resulte, para un cartaginés fisgón de mi talla,  meterse a chepear en los muros de facebook de los excompañeros de escuela  o de la U, no deja de ser llamativo el hecho de que facebook permita construir una serie de vasos comunicantes entre distintos ámbitos de la realidad que, de otro modo, permanecerían desarticulados. Por ejemplo, antes de facebook la mayoría de los votantes del PLN no condenaban a los cazadores de pumas o jaguares de las zonas rurales porque ni siquiera se daban cuenta de su existencia. Eso es todo un avance, ¿o no?

2.

De todos modos, cuando yo era carajillo acostumbraba ir a montear  todos los domingos con mi tata,  mi abuelo Memo  y algunos amigos suyos. Si fuera, más o menos, escrupuloso debería confesar que, en lo que a mi participación atañe, estas cacerías no pasaban de ser inofensivos paseos a la montaña,  con unos cuantos sabuesos que, ocasionalmente, daban con el rastro de alguna presa (predominantemente conejos y cherengas) y que, la mayoría de las veces, se la pasaban correteando en charrales y trillos.
Naturalmente, mis compañeros de la Escuela Winston Churchill conocieron  una versión de la historia menos observante del rigor fáctico, en la que yo me erguía como una suerte de Allan Quatermain del barrio La Soledad de Cartago. De ese modo, los lunes de mi infancia se convirtieron en prolijos insumos de la industria de las mentiras piadosas. Ahora bien,  si me fuera dado el dudoso favor de de la posteridad (que, pese a todo,  siempre es complaciente con los ejercicios hiperbólicos) y del hecho, nada despreciable,  de que mis excompañeros no suelen leer lo que escribo, debería  decir que, en total, durante mis años de monteador (de los 6 a los 15, más o menos), cazamos 2 conejos, 1 pava,  1 una ardilla y 2 palomas moradas. Es decir, nuestras cacerías tuvieron un impacto ecológico semejante o menor al de tomar coca cola,  mascar chicle y comer carne de soja (en ese orden). 

3.

Pero a día de hoy, en ciertos ámbitos del mundo “feisbuquiano” costarricense, matar un puma es tan condenable como ir a hacer fila de madrugada al recién inaugurado starbuck´s o asistir a un culto  pandereta. Con cierto nivel de duda podría decir que en el resto del mundo los periodistas siempre llegan tarde a la historia. Sin embargo, estoy convencido de que en Costa Rica es al revés: la versión “cool” de la historia se objetiviza  en la crónica dominical de  La Nación y en el editorial de Telenoticias, mientras “la gente” se llena de demoras y llega tarde.

Yo no sé si sea del todo encantador pero en Costa Rica hubo un tiempo en el que nada era tan sencillo como propiciar consensos.  Al menos eso dicen algunos amigos historiadores y yo, siempre que estoy borracho, decido creerles. 

Con todo, resulta particularmente llamativo que ciertos ejercicios de diferenciación social y cultural se sustenten en una suerte de ductilidad ontológica que, a su vez,  permite que el otrora votante del PLN ahora se rasgue las vestiduras por la defensa de los derechos humanos, el medio ambiente y el “caché” a la hora de consumir  (la moderación de Ignacio Santos) y que condene, respectivamente,  a Justo Orozco,  al mae que mató el puma y a los polazos de Moravia que fueron de madrugada a hacer fila para entrar a satarbuck´s. Aquí se percibe un proceso de transmutación, si se quiere fantástico y feliz,  que se hace peculiarmente visible en los 3 ámbitos consensual-conflictivos más importantes del maisntream ticazo: medio ambiente,  derechos de la comunidad LGBT y consumo con caché (o moderación).  

 4.

Sin que me asista el rigor analítico del cientista social, cada vez me convenzo más de que la nominalidad de la democracia de masas costarricense es un residuo, acaso abusivo, de vivir en un país, ante todo,  opaco y sin gracia (pero bonito, de todos modos). Decir que, al menos, teóricamente, existe una democracia sustantiva, dialécticamente constituida frente a la democracia nominal, a menudo,  se me antoja un exceso. Un compa de Desampa  dice que la institucionalidad constitucional es el lubricante con el que nos la meten todo el tiempo. En ese caso yo pensaría que, muy a su pesar, la institucionalidad constitucional es el lubricante que más contribuye a atenuar la chimazón de tales cogidas. Por eso no puede ser negociado nunca, sino que me desmientan las putas de ´onde Tencha: el culo no se negocia.

Condiciones, tan célebres como vituperadas, explican por qué la democracia costarricense es cómo es. ¿Y cómo es? Inercial, residual, nominal, delegativa (en el sentido que lo entendería O´Donell) ¿Y qué quiere decir eso? Que no pasa nada,  que la mesa casi siempre está servida para los dueños de la bola y que durante décadas un empate hegemónico ficticio (el PLN contra el adversario de turno) permitió una sucesión alternativa  de gobiernos que, muy a pesar de sus detractores, contribuyó a crear una sociedad, más o menos justa, en la que valía la pena ser un pensionado clase media y tener un pedacito de tierra en Orotina y un hijo médico (esta idea la tomé de cierto intelectual cartaginés, que, según sus propias confesiones, se sabe renco y malo, a la vez).

Ese ciclo de alianzas se vio trastocado, en un primer momento, por la crisis de la deuda de los 80 (que provocó esa división del PLN que, mucho tiempo después, dio origen al PAC) y luego por las tentativas de desmantelar el Instituto Costarricense de Electricidad y los vestigios del Estado intervencionista. Antes bien, los matices entre uno y otro momento de ruptura vendrían dados, sin más, por la capacidad de crear consenso, aún sin la necesidad de un verdadero empate hegemónico (como fue el caso de los gobiernos después los PAE´s y hasta Abel Pacheco). ¿Y qué quiero decir? Que, a diferencia del PAC o el Movimiento Libertario, el Partido Unidad Social Cristiana se articuló de una manera mucho más eficaz con la cúpula del PLN, permitiendo dar un mayor alargue a la estructura de consenso político y capitalización de recursos públicos, a lo largo de la década del 80 y el 90. Las razones que explican esto son harto complejas y, a decir verdad, no tengo intenciones de lucir como todo un mamador. Por eso seguiré  ceñido  a lo meramente descriptivo. 

5.

El gran pecado del gobierno de Laura Chinchilla fue creer que los juegos del poder se dirimen en el ámbito de la nominalidad de la democracia. Laura Chinchilla, como toda ama de casa costarricense, que se concibe culta y empoderada, creyó en los mitos de Educación Cívica del MEP y pensó que un triunfo electoral apabullante le confería suficiente legitimidad como para pagar los whiskeys de sus familiares y colaboradores con recursos públicos, al margen de lo que dispusiera el sector empresarial que le pagó a ella la campaña.

Laura Chinchilla, a diferencia de Rodrigo Arias, nunca ha trabajado. Procedente de una familia sin patrimonio económico, pero con un considerable capital social (es decir, que estaba bien conectada), Laura Chinchilla ignora el funcionamiento del sector productivo, más allá de los lloriqueos y rajonadas que escucha (y que posiblemente no entiende) en los cocteles y cenas con empresarios. Si bien es cierto que se codea frecuentemente con Harry  Zürcher y con Francis Durman y con uno que otro personaje de CADEXCO, Laura Chinchilla, al igual que muchos de sus colaboradores, no pasa de ser una representante de esa fauna de funcionarios que necesitan de las instituciones del Estado y de los organismos internacionales para poder vivir como burgueses.  René Castro,  su lazarillo fiel,  es el mejor ejemplo.

El análisis crítico plantearía que, de cualquier modo, las instituciones del Estado no pasan de ser elementos que articulan la dominación y que, de un modo o de otro, los actores económicos preponderantes siempre se nutren de ellas.  Por su parte, podríamos correr el riesgo de establecer una oposición artificiosa entre los  sectores dominantes  y caer en la trampa mediática, según la cual los allegados de Laura Chinchilla no pasan de ser capitalistas aventureros (en el sentido de Webber) mientras que Rodrigo Arias representa a un empresariado serio y de alto rango. Nada de eso. Por algo Popo Jiménez Borbón le paga un salario mensual al hermano de la presidente.

Lo cierto es que existe una dinámica de las alianzas en el seno de los sectores económicos preponderantes de Costa Rica que explica la retórica agresiva de un sector fuerte del  empresariado respecto al desempeño del gobierno de Chinchilla. En este sentido, no está de más considerar que el “consenso político-empresarial” del gobierno Arias se vio fortalecido por el carácter ascendente del ciclo económico, por la saludable situación fiscal del país (oportunamente  avizorada  por Los Arias desde  el gobierno de don Abel)   y por la necesidad de unir frente común contra la resistencia ciudadana al TLC. A doña Laura, en cierto modo, le tocó bailar con una más fea.  Y sin embargo, llegó al poder con una ventaja electoral mucho más amplia que cualquiera de sus predecesores.

6.

 El tratamiento mediático tendencioso y la escasa funcionalidad de los partidos políticos para operar como elementos de mediación entre la sociedad civil y el gobierno, ha generado que los costarricenses interpretemos los fenómenos políticos, predominantemente,  como el resultado de conspiraciones y conjuras fantásticas y no como procesos con precisas  (aunque complejas) determinaciones históricas.  La insistencia por parte de muchos analistas y militantes de atribuirle propiedades subjetivizantes al poder  raya, a menudo, en el chiste. Está claro que esa entelequia abusivamente diversa con la que se reconocen los sectores progresistas costarricenses, opera, ante todo, a partir de impulsos revanchistas.  Si la realidad fuera tal y como ellos la interpretan,  Rodrigo y Óscar Arias serían una suerte de Voldemorts de la política costarricense y José María Villalta un Harry Potter alcohólico e iracundo.  

No sorprende que esa diversidad autoconvocada de los sectores progresistas, y su frecuente desprecio por ciertas  formas de racionalidad ilustrada, se manifieste en los folclóricos comentarios de muro (muro de facebook) de muchísimos de los  contactos que uno puede tener. Es inevitable tener amigos así, máxime  cuando uno fue estudiante de Ciencias Sociales.  Recuerdo que alguna vez vi el facebook de una chavala que se declara abiertamente a favor de un Estado laico costarricense y según decía, rechaza todo tipo de obstáculo al desarrollo  del libre pensamiento,  el conocimiento científico y el espíritu crítico. Lo chistoso es que esa mae, seguidamente, publicaba una imagen sobre los poderes sanatorios de las velas y a continuación aseguraba que a través de una terapia de masaje de manos podemos paliar enfermedades crónicas del páncreas y los riñones.  Cada vez que me topo con gente así recuerdo a “Esqueleto”, el  personaje de Nacho Libre que solo creía en la ciencia y que se parece a un mae de Cartago que es familiar de Los Villanueva.

Así las cosas, en determinadas ocasiones creer que Dios envió su hijo a la tierra para fundar una Iglesia de pontífices, pedófilos  y palacios es mucho menos loable que adherir la tesis de que los masajes de una estafadora o las candelas de Ceilán alivian los cálculos biliares.  En lo personal me siento menos  incómodo con un mundo con sacristanes que uno con profetas de la soja.  Pero es que yo soy un cartaginés  conservador  y en el fondo, a pesar de mi ateísmo confeso, me derrumbo con  las películas de Semana Santa y lloro cada vez que escucho un tema de Morricone  (todo lo cual quiere decir que soy católico).  

7.

Desde que Ignacio Santos y Pilar Cisneros y cierto sector de La Nación metieron la cuchara, los discursos a favor de los derechos humanos de la comunidad LGBT, el medio ambiente y el consumo responsable (la moderación), corren el riesgo de ser asumidos como certidumbres no controvertidas y codificadas sin espíritu crítico. Por supuesto que eso no supone una descalificación inmediata de los mecanismos y las necesidades que articulan tales discursos. Sin embargo, no podemos negar que éstos cada vez se nos presentan más como un atractivo conjunto de productos listos para el consumo. 

Está claro que todo eso se trata de la búsqueda de una ética (acaso  periférica) que nos ayude a superar el traumatismo de la modernidad tardía. Pero sucede que el whiskey, las plegarias de los suicidas y el cinismo (o la estupidez congénita) dejan una resaca menos engorrosa que los consensos sospechosos. Por eso, a lo mejor, valdría la pena ir a meterse una cogorza de los diablos e ir a cantarle el Angelus a Pilar Cisneros, con un plato de chicharrones de venado y un escapulario. Total, así las cosas, en determinadas ocasiones, viene a ser más subversivo prenderle una velita a San Francisco que ir a votar por el PLN con una sombrilla multicolor.

1 comentario:

Filisteo dijo...

Los parágrafos 5 y 7 son los más valiosos, pues además de la soltura en el lenguaje, ponen el dedo en la llaga.
Lo de ser un ambientalista gay-friendly y ser, al mismo tiempo, uno de los fachos más vituperables, creo que lo habíamos hablado ya muchas veces. Pero hay un asunto que prima (cronológicamente, quiero decir), y esto es que hay un sector comprometido con ese discurso que se lo cree como vos secretamente habrás de creer en la facticidad de la Parusía. Pero no hablo de los prende-velas, hace-yogas, adora-budas e izquierdosos que se hacen llamar a sí mismos los "progre", hablo de aquella otra especie a la que te referiste en un ensayo anteriormente : el soda, fresa, pipi, hipster. Y es que esa gente no sólo se cree ese discurso masticado porque ahora está en todas las series de CBS, si no porque ya el show de Bill Cosby lo venía promocionando desde los 80. Y porque, bien que mal, esta gente cuando imita a los gringos no los imita como los imigrantes de Pérez Zeledón (que parecen raperos semiabortados), sino que busca reproducir la imagen fantasmagórica del newyorkino sofisticado. Esto no es nada desdeñable desde el punto de vista de la acción política. Porque cuando este grupito de gente se convence de algo, y lo interioriza tanto como los fundamentalistas a la Sharia o a la Biblia, ese tipo de ideas se van a colar en las acciones que construyen y reproducen ciertos órdenes. Cuando la gente de ciencias sociales se convence de algo, eso termina en una diatrbia en Fitos que luego puede pasar a una novela o a un artículo (en el mejor de los casos) y listo. Cuando los retoños del poder se convencen de algo, eso puede acabar en un proyecto de ley, en una política cultural o en una serie de presiones intra-colectivo.
Evidentemente la construcción el concenso y la aceptación son mucho más complejas y se relacionan más con lo que vos contabas, pero esa importación de convencionalismos característica de las élites latinoamericanas (y concretamente de la costarricense) no juegan un rol despreciable.