En
Costa Rica, esa abstrusa entelequia social a la que llaman “hipsters”,
es la responsable del desarrollo de un anti no-sistema de
no-comprensión del mundo según el cual Barrio Otoya puede ser
confundido con la parte más occidental de Greenwich Village. Vamos
conceder que ese adefecio importado es susceptible de convertirse en una
categoría social de análisis. En el
mejor de los casos los referentes costarricenses de la racionalidad
hispter (insisto, si es que tal cosa puede existir) se parecen mucho a
un mal
consejo que Norman Mailer le hubiese dado a Breat Easton. Por eso todos
son susceptibles de sucumbir ante la posibilidad de protagonizar algún
episodio a lo American Psycho en un apartamento con amueblados vintage y
piso tipo parquet.
La
gramática de la racionalidad hipster permite cualquier cosa excepto
escuchar U2 y no saber quiénes son Las Robertas. Sin embargo, estoy
seguro de que Kevin Casas hubiese sido un hipster de haber tenido nombre
cristiano y 20 años de menos (Nota:
arbitrariamente se ha utilizado la imagen del exvicepresidente Casas
-quien, definitivamente no sabe quiénes son Las Robertas- como
ilustración del típico ticazo cuarentón y fan de U2) . Todos los hispters, indistintamente, se conducen como si fueran personajes
con dinero, enajenados y sexualmente ambiguos porque en el fondo están
convencidos de que la segunda administración de Óscar Arias puede
considerarse un correlato del Reagan de los 80. De poder lograrlo, todos
serían amigos de los hijos de Leonardo Garnier, Pedro Oller, de algún
socio del Bufete Pacheco & Coto o bien serían novios del hijo de
Oscar Arias.
Las
afinidades estéticas de los hipsters, como cualquier otra afinidad
estética, obedecen, ante todo, a filiaciones amistosas y se diría que,
más bien, son resultado de dudosos procesos de socialización en El
Steinvorth o en alguno de los frecuentes y repentinos bares de moda. Tal
o cual grupo musical es una mierda en tanto ninguno de sus integrantes
caiga bien, pero tan pronto como alguno de ellos se aprende el correo
electrónico del otro (aunque no sepa cómo putas se llama su padre o su
barrio) abarrotan los muros de facebook con las canciones de la dichosa
banda y van a sus conciertos de sábado por medio.
Los
“hipsters” son los oscuros mutantes que redibujaron del mapa de la
contemporaneidad. Muchos de ellos son los nietos de los ex ricos de los
60- 70’ s que tuvieron hijos que fueron jóvenes en los 80’ s y que se
convirtieron en nuevos ricos gracias a la ruina del Estado que hizo
millonarios a sus padres. Idealmente los hipsters recibieron educación
privada, fueron a Disney World, tienen un apellido difícil de pronunciar
para las sirvientas, tienen abuelitos con acciones en Condovac La Costa
y consumieron anfetaminas en alguna disco de Zurich.
Sin
embargo, pese a ese tufillo cosmopolita/burgés y pese a su nihilismo
posmo/extravagante, la mayoría de los “hipsters” costarricenses no pasan
de ser lastimosos hijos de vecino cuyos pasaportes a penas y muestran
un sello de visado nicaragüense del puesto de Peñas Blancas. Por otro
lado, es verdaderamente improbable que muchos de ellos tengan un
pariente que estuviera leyendo a Martin Amis o a Houllebecq en Manhattan
durante el 11-S o un tío que viva en el mismo edificio que el editor de
Woody Allen.
Muy
en el fondo podemos estar seguros de que Walter Benjamin inventó a los
“hipsters” contemporáneos. Baricone no puede entender cómo un tipo que
tradujo a Proust, que entendió a Baudelaire, que desentrañó el drama
barroco y el romanticismo alemán, que hacía series con Goethe, Marx y
Adorno como si éstos fueran la bola de tenis con la que entrenaba
Tango, así, sin más, tuviera el descaro de dedicarle un número
significativo de líneas a Mickey Mouse. Nosotros, que crecimos en un
tiempo en el que la ironía cabe en un eslogan o en un muro de facebook,
si podemos entender que los filósofos se devanen los sesos con las
pelis de Arnold Schwarzenegger y con la pornografía de Extra TV 42.
Antes
bien, los “hipsters” tienen mucho en común con los serial killers y con
los hijos de los hippies: todos son una negación categórica de la
razón ilustrada. En caso de que hayan puesto atención en los cursos de
humanidades o cultura latinoamericana, cuando deben escoger entre
Borges y Cortazar, ellos prefieren a Frank Zappa o a Los Saicos.
Para
un observador imparcial, en el ambito intelectual el tránsito del antes
al después de los “hispters” o los mutantes contemporáneos puede
resultar jocoso. El cabello largo y el morral al hombro, tan propio del
chancletudo, dio paso al cabello cortísimo, al blackberry, al iPhone, al
jeans, las t-shirts, o lo que es igual, al look neerd o cool. En dos
patadas se trata del paso de la izquierda revolucionaria a la
indiferencia política, del francés al inglés, de Salgari a Don Gato, a
Twilight Zone, de Bergman o Tarkovsky a Tarantino o Wong Kar Wai, de
Faulkner a Murakami.
Por
supuesto que Costa Rica llegó tarde a la historia, al rock ‘n roll, al
cinismo, a los “haters”, a las canciones de The Strokes, a Steve Jobs y
a las grabaciones Lo-Fi. A lo mejor esos mismos “hispters” adustos que
quieren convertir a San José en una filial de Soho o West Village, son
los responsables de que los flujos vitales de una capital habituada al
pollo de bombillo y al letargo de la Peri, se convierta en un motivo de
exposición de curso de La Veritas o en escenario de una pasarela de la U
Creativa.
Pero
aunque Carlos Martínez Rivas se haya emborrachado en el Bar Buenos
Aires con un bizco, gordo y feo que se llama Alexander Obando y que
quiere parecerse a Samuel Delany, San José sigue siendo un potrerito
encantador en el que nada pasa a excepción de las inundaciones de los
barrios bajos. Podemos ir y volver y atosigar nuestro pasaporte y
nuestro facebook con referencias al extranjero, no obstante, Chepe sigue
siendo tan imprecisa e indiferenciada que sus jóvenes universitarios
necesitan de un Flea, un Anatole France, un Bolaño, una Lady Gaga o una
Madona, que la hagan más real. Por lo pronto, nos quedan los conciertos
de Megadeth y Arjona... Quizás algún día venga a jugar al estadio
nacional la selección de veteranos del Barcelona o el Madrid...
Posiblemente ese día seremos un poquito más ciudadanos del mundo.
9 comentarios:
Está muy simpático, Jenaro, especialmente las referencias al pasaporte y al fagócitomaniaco. Yo había reparado también hace rato en que los 'hipsters' (cuya regla esencial y determninante es no reconocerse 'hipsters' y criticarlos, así como los pipis renagaban de serlo) son gentecilla un tanto adolorida cuyo origen de clase más refiere al hijo del vendedor estrella de la Subarú o al ingeniero de aguas de San Vito. Ahora, me pareció que tus otras dos críticas eran bastante más virulentas y estomacales. Quizá algo te últimamente más benévolo a los anteojos de pasta y a los discos de Daft Punk, jaja. Quizá es sólo una mayor distancia y por lo tanto un menor conocimiento de estos bicharrajos, o quizá es sólo que su grupúsculo tiene menos contenido que los otros, y amerita menos palabras (pero no menos virulencia!, jaja). En todo caso, me pareció una caracterización justa y simpática. Yo agregaría el hecho, y me parece muy importante, de que este grupúsculo carece de estrellas locales. Difícilmente Kevin Casas podría ser objeto de culto en El Steinvorth. Es obvio que esto se debe a la despatriación que convoca el ser hipster, eso de admirar al malparidísimo splatter que es Tarantino y a todo lo que no sea latinoamericano (los pipis al menos admiraban a Soda, que es definitivamente más fácil que admirar a las Flans). Pero eso resulta en la reproducción curiosa de una actitud muy tica: el anonimato forzado, que articula como fetiche el espejo óntico, digamos: lo otro-que-nosotros. Y así da paso libre a la equidad en la inferioridad. "Mezcla Moby; ese mae sólo trata". En ese sentido sostiene con mucha más fuerza nuestra idiosincracia que los viejos intérpretes de Tarkovsky. Puta... ¿nos estaremos ya haciendo viejos?
Como dijo Bowie, "This chaos is killing me"
El hipster ha muerto. Por definición un late adpoter no puede ser un hipster, ergo, en tiquicia no pueden haber hipsters, solo hipster wannabes:
http://nplusonemag.com/what-was-hipster
Juan Murillo:
Estoy de acuerdo con vos en que la categoría de hipster es bastante imprecisa para describir eso que intenté describir, con buen o mal suceso. Digamos que el entrecomillado lo uso como una licencia para decir cosas sin comprometerme mucho (como curarse en salud anticipadamente, jeje). Por esa razón subrayo, tanto ese entrecomillado del término hipster, como la insistencia que se percibe al incio del texto en cuanto a las limitaciones de dicha categoría en un contexto como el de CRC. Eso si, yo creo que no es del todo inoportuno prestarle atención a ese proceso de resignificación que ha experimentado el término hipster en los últimos años.
De fijo si De Gaulle hubiera sido Truman y si Greenwich Village hubiera sido Saint-Germain-des-Prés, en vez de hispters, los chicos y chicas josefinas que frecuentan bares como El Steinvorth serían considerados “zazou”
Filesteo: Kevin Casas es una ilustración del típico ticazo cuarentón fan de U2; nada más que eso, sin embargo, como dice el texto, tengo la sospecha de que si hubiese tenido nombre cristiano y 20 años menos, sería un asiduo de El Steinvorth, jejeje
Postdata: la referencia que comparte Juan Murillo está bien buena
Elimina la imagen del logo del Steinvorth de tu estúpidita columna.
Estás usando la internet, tenés un blog donde posteas tus "poemas" conocés de lectura internacional, tu tio vive en el mismo edificio de woody allen..
look like a hipster to me.
Excepto que te cuadra u2, eso si apesta.
Me pareció interesante su crítica hacia los hipsters, pero creo que le hace falta conocernos. No todos somos iguales. No todos ignorantes. El término ‘hipster’ , como es usado para definir a la subcultura estadunidense, no es totalmente aplicable a nosotros. El ‘hipster tico’ es muy diferente al americano: somos amigables y nos gusta conocer y compartir. Venimos de buena educación y somos más cultos, por lo general, que nuestras contrapartes gringas. Lo digo con modestia ya que no es difícil ser más culto que un hipster de Estados Unidos.
Supongo que por "racionalidad hipster" se refiere a nuestra manera de pensar. Le recalco que falló en criticarla, porque ni siquiera hizo referencia a ella. Por otro lado sí veo sus criticas hacia nuestros gustos, y me entretienen. Criticas hacia nuestros gustos... gustos subjetivos.
Si alguna vez escribe un articulo en que haga una verdadera crítica hacia nuestra manera de pensar, inevitablemente va a toparse con un detalle. El ‘hallmark’ de un hipster tico es que intenta evadir definición. Buscar nuevas maneras de pensar, hacer, funcionar, trabajar. Pero bueno, lo dejo con esa pista para que haga el mínimo de periodismo y averigüe un poco de lo que realmente nos define. Tenga en mente que hacer generalizaciones con un grupo de gente en el que todos intentan ser diferentes es un poco absurdo.
Le dejo mi nombre y mi pagina web, ironicamente llamada "no soy un hipster". Creo que le hará gracia.
Anónimo 1:
¿Va llorarshhhhh...?
Anónimo 2:
Mi tío, al igual que casi toda mi familia, vive en Cartago y, hasta donde sé, ni Woody Allen ni ninguno sus editores vive en Cartucho
Alberto:
Tus preocupaciones en cuanto a las "deformaciones" que figuran en mi textito son legítimas, sin embargo creo que tenés dificultades de comprensión de lectura: desde el principio enfatice que los seudo hispters costarricenses están en las antípodas de los hipsters históricos estadounidenses (de los que hablaba Norman Mailer o los que figuran en algunos textos beatnik)... Igual, poco me interesa hacer lo que vos llamás "el mínimo de periodismo" o llevar a cabo una radiografía fidedigna de las apariencias. Yo escribo para entretenerme y para entretener a los cuatro o cinco gatos que me leen...
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