
A decir verdad siempre he sentido una profunda simpatía por esos sujetos en cuyas vidas se cierne un mal hado. Se trata de aquellos individuos aciagos, desdichados, infelices, desafortunados, miserables y torcidos. Sucede que sobre ellos pareciera operar una fuerza funesta, oscura y, muy a pesar suyo, inexorable. Se trata de personas que, como bien dice el dicho, no valen un cinco. Los que siempre están pa´l tigre. Los que se la tragan de a una. Los que siempre se comen el tamal y las patrañas.
Suelen ser individuos perseverantes que tienen como premisa de vida las máximas schopenhauerianas de la voluntad. Algunos son más pedestres y leen escritores de autoayuda. Otros ni siquiera son conscientes de que cultivan una indiscutible calidad humana: el fracaso. Sin embargo a todos ellos les profeso una profunda simpatía. Hablo, acaso, de un cartaginés cuyo espíritu emprendedor no admite la categoría de irresoluto. Nadie podría dudar de que Eduardo Quesada (el sempiterno profesor de inglés , hijo del patético Martina y perderdor de Nace una Estrella) sea un muchacho, a todas luces, tenaz. Me refiero, quizá, a ese otro porfiado fatal: el “Macho” Mora. Tal vez no existe en el mundo un caso de tesón y, a la vez, de fracaso tan notable como el de este célebre entrenador de fútbol. El “Macho” Mora tiene una infinita vocación de desastre. En el caso hipotético, y por demás remoto, de que el “Macho”, debido a circunstancias inexplicables, acabe como timonel, digamos, del Barcelona , es perfectamente plausible que el otrora campeón de la champions pierda contra Limón F.C. Esta condición deplorable solamente es igualada , quizás, por el desatino de un hombre como Orlando de León, que fue capaz de perder un campeonato en 2 minutos.
También hay otra raza, si se quiere vil, de hombres tenaces y de sí propios inflados. Hablo de otro tipo de sujetos menos amigables y no por ello menos memorables desde su infinita propiedad para las disfunciones. Encabeza esta categoría el tristemente célebre José Miguel Corrales (según wikipedia uno de sus mayores logros es ser hijo predilecto del cantón de Paraíso), seguido inmediatamente por el pregonero y gurú del socialismo cuántico: Rolando Araya Monge. Ambos son descendientes del máximo perdedor de la política costarricense: Carlos Manuel Castillo. Su carácter perdedor es tan tenaz que en Internet no es posible obtener una fotografía suya (por esa razón no nos fue posible ilustrarlo). Por otro lado, no podemos olvidarnos de ese rústico personaje de Pérez Zeledón, cuya defensa de los monopolios es tan denodada que se ha autoerigido como un verdadero monopolista de la ética. Ottón Solís es un personaje confuso: o es un simple idiota o bien es un quinta columna del PLN. En defintiva, no tengo duda de que siento una enorme simpatía por todos ellos, incluso por Ottón Solís.
No sé qué lugar ocuparán tan desafortunados personajes en la historia de este país. A veces quisiera tanto que la gente los recuerde. Sobre todo en esas mañanas de lunes en las que solo hay resaca y jefes gritones. A veces me imagino la historia de este país como un balneario público donde no podemos cambiarnos la ropa interior sin ser vistos por el resto del mundo. Otras veces me imagino la historia de este país de una forma más exlusiva. Me la imagino como una finca cafetalera en la que hay una casona inmensa sin lugar para el fracaso, con un niño asmático que se llama Ariel y que lee a Proust, mientras su hermano menor (que se llama Calibán) juega dominó con los peones y habla de los delanteros del Club Sport Herediano. Ambos, a lo mejor, decidan ser presidentes. Como quisiera que, por lo menos, le dediquen un discurso a esos personajes con vocación para el fracaso...
* Imagen de Eduardo Quesada únicamente con fines ilustrativos
5 comentarios:
En mi mente, E.Quesada tiene otro nombre, y es "Eterna Choledaaaa" porque tengo una vaga memoria de verlo en algunas fiestas colegiales tocando guitarra y cantando aquella de enanitos verdes... cantaba bien nasal
Es una injusticia que estos personajes pasen por la historia sin reconocimiento... deberíamos organizar unos premios anuales para los personajes más perdedores del año, se podrían llamar 'Los Losers' o 'El Premio Carlos Castillo', así por lo menos algunos de ellos ganarán algo en la vida y los otros serían un poco más perdedores.
Eduardo Quesada podría cantar en la ceremonia.
Por cierto, el comentario de Irene estaba demasiado gracioso. Cuando entendí que significaba 'Eterna Choledaaa' me cagué de risa
El último párrafo es de una ternura que mueve a los abrazos gratuitos.
El fracaso hay que cultivarlo, echarle cascaritas de huevo, leerle pasajes del libro de Job por las mañanas y al atardecer... quererlo bien
Mae, ¿y vos no crees más bien que esa casona -que me imagino avejentada- sea más bien un gran templo al fracaso, en dond sólo una esquina, quizá cerca del fogón que nadie atiza, está reservada a quienes triunfan?
Y esos usualmente son los que soplan su propia trompeta, casi siempre desde el otro lado de las fronteras: Jiménez Deredia, Gastón Fournier, Glenda Umaña, Franklin Chang,Bryan Ruiz y nuestro querido Permio Novel de la Paz ... sin olvidar al vomitífero de Jacques Sagot.
Los otros, triunfan y fracasan imbuidos en una condición harto idiosincrática: el silencio.
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