miércoles, 19 de enero de 2011

Memo Zúñiga y la reforma fiscal


No es un secreto que el dudosamente escaso involucramiento de los Arias (y su apéndice, Guillermo Zúñiga) en la elaboración del Plan Fiscal tiene un cariz, más bien, electorero. Si partimos de la premisa de que toda reforma tributaria constituye una suerte de suicidio político no debe sorprendernos que el diputado Zúñiga haga berricnhes públicos y amenace con renunciar a su curul alegando exclusión en el proceso de elaboración de dicho proyecto. Indudablemente la discusión de este paquete de impuestos comportará un verdadero termómetro político, cuyos resultados, naturalmente, ya se logran vislumbrar. En resumidas cuentas Don Memo amenezó con irse de la mejenga porque no le pestaron la bola ni lo dejaron patear el penal. Sin embargo, no debemos olvidar que el ex ministro de Hacienda es un colmilludo que le está haciendo los mandados a un par de colmilludos mayores (dientes de sable), los cuales, bajo ninguna circunstancia, piensan ensuciarse con un asunto tan escabroso como ese proyecto de tan entredicha solidaridad tributaria. Antes bien, es preciso considerar que nunca se presentó una coyuntura en la que la bancada del Movimiento Libertario mostrara tanta apertura a negociar una reforma tributaria. Claramente, esta situación, de suyo insólita, es preciso capitalizarla, señaló, días atrás, el expresidente ÓscarArias. Una actitud previsible nos despara el diputado Zúñiga: hacerle la masa aguada a la opinión pública y aprovechar la discusión de este proyecto para velar por los intereses de los Arias y catapultar su proyecto político. En dos patadas, Don Memo es un pendejo