
Desde que empecéa acercarme a la treintena de edad he procurado ser más cuidadoso a la hora de emitir juicios sobre las personas menores, pues detesto las conductas generacionalistas. Sin embargo cada vez que voy a un bar (digamos que un sitio avant garde) acabo por convencerme de que es muy difícil aprehender el mundo mediante marcos de referencia distintos a los de tu propia temporalidad. Con razón Marc Bloch decía que cada hombre se parece más a su época que a sus padres. Tales baños de multitud, por otro lado, ejercitan el músculo de mi intolerancia congénita y confirman mis sospechas respecto a las bestias de la contemporaneidad. Quizás por eso hay noches en las que prefiero quedarme releyendo novelas de Joaquín Gutiérrez
Imagen tomada de www.latfh.com
3 comentarios:
Ah pero si fuera una muchachita en minifalda no te quejarías tanto... jaja!
jajajajaja!! por supuesto que no me quejaría
vos y esa resistencia para jugar de open minded. Me parece bien que empecés a aceptar lo inaceptable. Hacen feo y no es generacional, es conducta pública detestable. Jajajaja, buena foto.
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