En este momento cualquier país que tenga una mujer de mandatario corre el riesgo de ser considerado un país progre o, cuando menos, de centro izquierda. La racionalidad sex and the city tropical del siglo XXI ha convertido el ámbito de acción de los homo ethicus en un sitio donde la nube con pantalones de Maikovski es una apología del patriarcado y la evolución es necesidad de convertirse en caballito de mar o equinodermo.
Los planteamientos fundamentales de esta concepción de mundo reducen la emancipación de las mujeres al par antitético superhombre-polvo´e gallo. El análisis materialista no existe. No importa que una mujer se vea en la necesidad de pedirle plata a su compañero para ir al salón de belleza, mientras éste sepa hacerle un buen brete bajo las cobijas. Es comprensible, todos queremos un buen brete bajo las cobijas.
Posiblemente haya días en que hasta los más civilizados egresados de las facultades de ciencias sociales del universo sienten fastidio de la racionalidad sex and the city tropical y de sus múltiples expresiones punitivas. Quizás por eso, a veces, en el mundo se percibe una sensación de que no solamente los malos polvos somos chauvinistas y de que nadie está dispuesto a comprar otro libro de Marcela Serrano para su tía solterona.
En cierto modo muchos consideran que la profusión de chicas sex and the city costarricenses se explica a partir de la creciente simpatía de los gays por la derecha. Sin embargo, ese razonamiento ignora la crisis del fútbol costarricense, que ha convertido a los heredianos y a los saprissistas de barrio marginal en misoginos fast and furios. También existen determinaciones globalizantes y culturales que no me interesa traer a cuento, pues estoy más preocupado de los condicionamientos tecnológicos que prohíben que muchas chicas sean, en rigor, chicas sex and the city de avanzada.
“Es el bidé, estúpida”. Eso quería escribir en el muro de facebook de una chica sex and the city costarricense, que abogaba abiertamente por un mundo con más orgasmos y con menos hijos. De repente la enunciación se nos revela como algo seductor pero creo que, a su vez, es preciso detenerse en sus matices. Existen muchísimas tesis de licenciatura y páginas web que insisten en destacar que las instituciones culturales instilan lo qué entendemos por condición humana. Ya todos sabemos que la noción de mujer es una construcción histórica y ya sabemos qué diablos es género y qué putas es sexo. Sin embargo, una cosa es una picha y otra cosa es un coño. De eso no hay duda. Y más allá de que ahora esté de moda pensar que el lenguaje y el poder construyen la realidad de una picha o un coño, no podemos negar que existe una dimensión objetiva y extralingüística (más allá del poder) que los trasciende en la naturaleza. Por eso es verdaderamente interesante reparar en que la racionalidad sex and the city tropical constituye una clara negación de las determinaciones naturales humanas.
“Es el bidé, estúpida”. Estuve a punto de escribir eso en el muro de facebook de esa otra chica con la que pasé 3 días y 3 noches en un congreso en Tegucigalpa. Estuvimos compartiendo habitación en un hotel y al final de cada una de las jornadas del dichoso congreso yo intenté persuadirla para que me permitiera metérsela. Pese a que se la pasó toda una madrugada chupándomela y pese a que después del congreso me enviaba canciones de La Mala Rodríguez y pasajes guarros de Jodorowsky, no me dejó, ni siquiera, quitarle los calzones. Y por supuesto que ella era una de esas chicas sex and the city que aboga por un mundo con más orgasmos y menos hijos.
Circunstancias como esta, más desafortunadas o más felices, nos hacen pensar que, quizás, de veras, todo se deba al uso bidé. Las mujeres occidentales más autodeterminadas sexualmente y menos conservadoras que uno puede conocer, en su mayoría, han crecido en regiones en las que el uso del bidé es, más o menos, generalizado. Tal vez sea una coincidencia, una mera correlación o tal vez no. De cualquier manera deviene imperativo recordar una obviedad antes de continuar: el bidé, en caso de ser un condicionante, es incapaz de hacer las cosas por sí mismo, más bien su uso, bajo determinados patrones culturales y condiciones históricas específicas, establece un indicio de análisis de la racionalidad sex and the city.
Todo parece indicar que el bidé puede propiciar un conocimiento cabal de los genitales (tanto en hombres como en mujeres). Es muy sencillo. En su afán de que el chorrito de agua atine donde debe atinar se desarrolla toda una experiencia exploratoria de la genitalidad, basada en cadenciosos movimientos de cintura y cadera. Y todo ello, además, se lleva a cabo en un contexto de intimidad muy favorable. Resulta perfectamente comprensible que una actividad, de suyo escencial y cotidiana, auspicie tan felices ejercicios de exploración erógena.
Por el contrario, el papel higiénico constituye una negación semántica de las zonas erógenas. Independientemente de que tenga doble hoja o dibujos de perritos, el papel higiénico borra, invisibiliza, cercena y, algunas veces, incluso, irrita. Tal vez los sectores progresistas de Costa Rica podrían hacerle una jugada ajedrecística sorpresiva a la Iglesia: en vez de cabildear el uso de folletines serios de educación sexual, quizás, podrían lograr que el Estado otorgue subsidios a la industria de los menesteres excretorios y patrocine la instalación de bidés en las viviendas más humildes. Yo dudo que Monseñor Ulloa tenga argumentos convincentes contra una iniciativa aparentemente tan inocua.
En cuanto a los machitos y a los fast and furious el bidé no deja de ser un elemento liberador. Pese a que muchos de estos machitos enloquecen cuando se topan con una de esas chicas guarras (que regularmente no transan con las chicas sex and the city) aficionadas a calzar y mancillar la virilidad de sus parejas ocasionales, en su mayoría, estos simpáticos sujetos llegan a los 40 imbuidos del horror, casi metafísico, de someterse a un examen de prostata. El bidé, en cierto modo, contribuiría a atenuar tales veleidades.
“Es el bidé, estúpida”. Eso quería decirle a todos y todas las que cifraron sus mezquinas esperanzas emancipatorias en Laua Chinchilla o en Gloria Valerín o en la transmisión de Canal 7 de un grupo de toreros transexuales. “Es el bidé, estúpida”. Eso queria escribir en el muro de facebook de esa chica que vilipendiaba a las amas de casa por no tener estudios universitarios, a pesar de que ella solo era capaz de follar con la luz apagada y con alguien con credenciales de cursi sensiblero...
Doceavo piso
Hace 1 día


